“Acabaría consiguiéndolo, y entonces jamás lo olvidaría”

Recordando cómo se aprende

Julio de 1916. Ha pasado el tiempo y Ethel sueña con que su rígido padre, aunque no la perdone, quiera al fin re-conocer al nieto. Pero ni la guerra, ni el tiempo transcurrido, ni siquiera el llanto de su madre, parece suficiente para ablandar las férreas convicciones del cabeza de familia.

Necesita escapar de nuevo, pero reprime el impulso. Se refugia con las esposas de los mineros galeses en sus míseras casas y reflexiona sobre lo poco que ha cambiado lo que un día fue su hogar mientras el mundo se convulsiona. Pero Londres y su maternidad en solitario han empezado a despejar al camino del aprendizaje…

Por la mañana, después de que los hombres se hubieran ido a trabajar a la mina y los niños se hubieran ido al colegio, las mujeres realizaban sus labores en el exterior de la casa. Fregaban la acera, los escalones de la entrada de la vivienda o limpiaban las ventanas. Algunas iban a la tienda o salían a hacer otros recados. Ethel pensó que necesitaban ver mundo más allá de sus pequeñas casas, algo que les recordase que la vida no estaba confinada a aquellas cuatro paredes mal construidas. Se quedó de pie bajo el sol delante de la puerta de la señora Griffitchs la Socialista, apoyada contra la pared. A lo largo de toda la calle, las mujeres habían encontrado un motivo para salir al sol. Lloyd estaba jugando con una pelota. Había visto a otros niños lanzar balones e intentaba imitarlos, pero no lo lograba. Ethel advirtió lo complicada que era la acción de lanzamiento, había que utilizar el hombro y el brazo, la muñeca y la mano juntos. Los dedos tenían que soltar la pelota justo en el momento previo en que el brazo alcanzase su máxima extensión. Lloyd no dominaba todavía aquella técnica, y la dejaba ir demasiado rápido; algunas veces la tiraba por detrás del hombro, o demasiado tarde, así que no tenía velocidad. Pero seguía intentándolo. Ethel suponía que acabaría consiguiéndolo, y entonces jamás lo olvidaría. Hasta que no se tiene un hijo, no se entiende lo mucho que tienen que aprender.

Estaba casi en la mitad del libro cuando me encontré reflexionando sobre el efecto terapéutico que me produce la ficción de la Historia. Es cierto que vamos sabiendo mucho sobre las civilizaciones antiguas sin conocer nada de lo que estaba en la cabeza de las personas que la formaban, pero es la posibilidad del relato lo que humaniza y ayuda a comprender lo apocalíptico de los grandes trazos, lo que da continuidad a la fragmentación.

Porque no hay magia que valga, se trata de conocimiento y el aprendizaje es un proceso centrífugo (de adentro hacia afuera) y no uno centrípeto (de afuera hacia adentro). El acto de aprender es personal e intransferible. Y es en los momentos complejos, o en los anodinos, cuando en lugar de atrincherarnos tenemos que aprovechar para asimilar el aprendizaje invisible que se nos escurre en tiempos de bonanza.

Sigue habiendo más lamento que intención, demasiado ruido y, con niveles tan altos, la tendencia natural de la gente hacia la ayuda mutua disminuye o desaparece. Quizá por eso me gustan tanto las historias pequeñas, porque ayudan a recuperar la mirada cálida para construirnos mutuamente.

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17 Responses to “Acabaría consiguiéndolo, y entonces jamás lo olvidaría”

  1. rfc 6 agosto, 2012 at 10:08 #

    Muy buena la frase de la foto del final. En realidad es sencillo sí, lo que no quiere decir que sea fácil. La parte que extractas del libro me hace pensar que ahí está nuestro error, en lo poco que nos fijamos en ese aprendizaje de nuestros hijos, o los premiamos con algo o no los vemos, cuando la realidad es simple pero exige más, hay que reforzarlos y que dependan de su propia satisfacción. El juego es su aprendizaje, jueguen con muñecas o al fútbol, como contabas el otro día.
    Aprovecharé estas pseudo vacaciones para fijarme un poco en mis hijos

    • Isabel Iglesias 6 agosto, 2012 at 12:32 #

      Ah, los hijos! Nos recuerdan el aprendizaje que habíamos olvidado en el camino, ¿verdad?

      La parte menos buena es que nos obliga a recordar que los niños ya no somos nosotros, algo que no parece gustar a esta sociedad infantilizada, la parte fabulosa es que la Vida es un continuo Reto. Por suerte!!!

      Aprovecha, aprovecha… 😉

  2. Avisnigra67 6 agosto, 2012 at 11:04 #

    “El aprendizaje invisible que se nos escurre en tiempos de bonanza…” Esto es muy cierto. No hay como la necesidad para agudizar el ingenio. Por suerte o por desgracia, pese a todo, algo hay de (objetivamente) cierto en lo de que “la letra con sangre entra”. Será que cuando hay algo en juego estamos programados como especie para sacar el máximo provecho de lo aprendido, y seguir de ese modo adelante…

  3. Isabel Iglesias 6 agosto, 2012 at 12:36 #

    Interesante Ricardo. Lo de la sangre no es malo si es tu decisión, no la de los demás. Cultivemos el interés, como decía Manel hace unos días: Lo que importa no es lo que se enseña sino lo que se provoca haciéndolo.

    Por suerte el aprendizaje invisible es algo que nos acompaña toda la vida, sólo falta que sepamos sacarle partido y seguir construyendo sobre lo aprendido.

    Entretanto, sigamos #agosteando 😀

  4. Carla 6 agosto, 2012 at 12:45 #

    Muy bueno lo de “vamos sabiendo mucho sobre las civilizaciones antiguas sin conocer nada de lo que estaba en la cabeza de las personas que la formaban”. Cada vez que veo una película de tiempos en que aún no existían los libros, me asalta esa misma pregunta, porque no sé si estoy viendo una película “histórica” o de “ciencia ficción”.
    Otras veces, en cambio, pienso que el ser humano siempre ha sido el ser humano y sus preocupaciones las mismas: lo que cambian son los “adornos”, la esencia se mantiene. Por eso seguimos siendo Homo Sapiens; si no, seríamos otra cosa (lagartijas, por ejemplo 😉 )

    • Isabel Iglesias 6 agosto, 2012 at 13:32 #

      Por eso digo que la ficción de la historia (bien hecha y documentada, se entiende) me supone un efecto terapéutico, porque tras los grandes acontecimientos, como los de ahora, no hay sino una red de cotidianeidades que a veces cobran una gran trascendencia.

      Supongo que es mi forma de desconectar para ponerme en el centro de mi pequeño universo en esta especie de trabacaciones. Entre el libro y este día nublado, hasta voy consiguiendo rebajar un poco esta intensa hiperactividad mía. Es lo que tiene trabajar por cuenta propia y ponerte a dibujar proyectos grandes. La Vida es un Reto… agotador!

      Nos van haciendo falta unas cañas 😉

  5. Daniel 6 agosto, 2012 at 18:21 #

    Me quedo con lo de la sociedad infantilizada… tal vez estos tiempos (bautizados en algún comentario de Goio leído por ahí como “con la que está cayendo y bla bla bla”) ayuden a que madure la sociedad, y si no madurar, sí aprender o forzar la curiosidad… cuando más conozco a mis alumnas más dormidas las veo, hasta que tienen verdadera necesidad. Aunque la desesperación es mala compañera.
    Qué lio de reflexión. No sé si se me habrá entendido.
    Un abrazo
    PD: No me creo que no te hayan contado por ahí cómo fue la noche aquella (me encantó)

    • Isabel Iglesias 6 agosto, 2012 at 20:33 #

      Pues viendo con lo que te quedas, cuando tengas un momento no te pierdas los artículos que enlazo en “no hay magia que valga, se trata de conocimiento” y en el último párrafo en “lamento”. Los dos son didácticos pero ambos me han echo soltar unas risas, especialmente el de Manel (el segundo).

      Es un gusto ver que tu blog cobra vida de nuevo, sé que tengo pendiente un saludo por allí. Aunque parece que un poco cambiado sí que vuelves…

      Abrazos veraniegos!

      P.D.: De esa noche en Madrid sólo me han contado que había mucha gente y que tu marido es ¡muy guapo! 😉

  6. cumClavis 6 agosto, 2012 at 22:58 #

    Me gusta lo que comentas de las historias pequeñas, creo que –al igual que átomos-son de lo que están realmente compuestas las historias grandes.

    Yo sí creo en la magia. No se contrapone al conocimiento porque “es conocimiento hecho saber y exhalado para mostrar algo que, de otra forma, se percibiría absolutamente diferente”…sin esencia, probablemente átono. No es fácil, y no todos saben hacerlo…de ahí que sea tan denostada ya que se requiere de conocimiento metabolizado y de la capacidad de destilarlo utilizando las palabras adecuadas en el momento adecuado [eso es lo realmente difícil]. Ya sabes, no se trata tan sólo de ver lo que hay sino de ver “de verdad” 😉

    Eso me recuerda al mago de Terramar, donde Ursula K. Le Guin explicaba que la magia no es otra cosa que saber el nombre real de las cosas… pero claro, eso sólo es ciencia ficción… 😉

    Un abrazo,

    • Isabel Iglesias 7 agosto, 2012 at 8:46 #

      Pues como no es fácil, llamaremos magia a la capacidad de destilar y nombrar el conocimiento metabolizado. Pero la tónica general es la mirada restringida sobre lo que hay.

      Visto así, el aprendizaje es magia, la magia entre lo cotidiano que es donde debemos encontrar esa fuerza interna para madurar y superarnos sobre nuestras propias debilidades. La magia es esa fuerza interna, pero también la capacidad de sacarla a la luz y saber utilizarla. Yo lo intento con mis herramientas y conjuros 😉

      Cuando el cine trajo de nuevo a Tolkien a primera línea se produjo una polarización de la fantasía que casi me hizo renegar. La magia no son solo grandes hazañas, es otra cosa, está entre las tareas de lo cotidiano, sin renunciar, por supuesto, al poder de la metáfora creando escenarios. Por eso no hay muchos magos, porque pocos saben recrear un universo propio desde el que destilar.

      Y además Terramar suena muy gallego 🙂

  7. marta 9 agosto, 2012 at 9:16 #

    En lo referente al aprendizaje, me sigo viendo a mí misma muy niña. Me niego a madurar si eso implica alejarme de la emoción del descubrimiento y de la capacidad de sorprender(me) con las pequeñas cosas que me voy encontrando en el día a día, en los distintos viajes (hacia fuera o hacia dentro), en las diferentes personas. Dibujo círculos cada vez mayores en torno a lo que, por fortuna, me queda por aprender y lo hago con la mano inexperta y la mirada curiosa de la niña que quiero seguir siendo en este aspecto.

    Creo también en la magia que envuelve el proceso de construcción del aprendizaje porque la he sentido en incontables ocasiones y la sigo buscando. Sin trucos ni florituras. Pequeños y sencillos momentos mágicos en el camino.

    Momentos como éste, sin ir más lejos.

    Muxu handia, Isabel.

  8. Isabel Iglesias 9 agosto, 2012 at 10:27 #

    “Sin trucos ni florituras. Pequeños y sencillos momentos mágicos en el camino” 🙂

    La potencia de lo simple y la magia de lo cotidiano. Es donde más he aprendido siempre, donde percibo la grandeza de las pequeñas cosas y los matices, donde los “grandes temas” se encauzan para hacerse digeribles.

    Me gusta mucho lo de dibujar “círculos cada vez mayores”. Suena a reto sostenible porque vamos interiorizando unos para ir desarrollando los siguientes. El conocimiento es como la capacidad de amar, no se gasta por usarla sino todo lo contrario, crece y nos hace mejores. Yo también quiero ser eternamente aprendiz 😉

    Muxu handia eta unha aperta Marta!

  9. Goio Borge 11 agosto, 2012 at 1:32 #

    me interesa la cuestión del aprendizaje como proceso de adentro hacia fuera, por lo que supone filosóficamente, ya que es asimilable a la idea según la cual la sabiduría y la verdad están dentro de nosotros, algo que viene desde la concepción platónica (la verdad son esas sombras de la cueva, que son como el alma del cuerpo que las proyecta, y de ahí hay que saber extraerla) y que Agustín introduce en el cristianismo (un modo de iniciar la introspección cristiana, hay que mirar adentro para encontrar en cada uno de nosotros la verdad de Dios). Una corriente perversa de este pensamiento se olvida de la parte que supone cuestionamiento continuo de nuestro pensamiento, y lleva a una educación severa y represora en la que el mal alumno lo es por no esforzarse/no saber buscar en su interior/ser un inútil

    mi experiencia, y me atrevo a decir que la de cualquiera que haya estudiado algo con la debida pasión, es que es el propio estudiante el que hace tan difícil como interesante el proceso del estudio y el aprendizaje. Que lo que existe afuera son medios/recursos que posibilitan ese esfuerzo, y que sin este no habrá tal aprendizaje. Uno incluso está dispuesto a decirlo de los genios, que parecen aprender muy rápido, pero a los que esa falta de esfuerzo parece no darles la satisfacción debida que lleva aprender.

    es decir, en cierto modo, mi experiencia en un mundo cotidiano y real concordaría con lo que dices, y con lo que predican esas ideas que comentaba antes. Son ideas que sin embargo por mil motivos que no caben aquí se usaron en contra de lo que hoy es la base del desarrollo y al progreso:la observación de la naturaleza, la aplicación del método científico, la asunción de que el hombre no es el centro del universo y por lo tanto no es depositario de verdad alguna. Ahora pienso que esa experiencia mía es limitada y que no habría sido capaz de sacar hacia afuera lo que podría saber si no hubiera sido por un entorno adecuado y un conocimiento ya existente que supe aprovechar seguramente menos de lo que debía.

    y no escribo más porque me sale aquí la breve historia de la filosofía occidental y hay que dormir algo antes!!

    • Isabel Iglesias 11 agosto, 2012 at 13:57 #

      “lo que existe afuera son medios/recursos que posibilitan ese esfuerzo, y que sin este no habrá tal aprendizaje”

      Goio, perdona que me quede con esa parte, que curiosamente ha quedado situada en el centro de tu reflexión y se diría que “estratégicamente situada” ya que todos tus argumentos vuelven a ella.

      Lo externo activa el aprendizaje porque si no, lo que traemos de serie no dejaría de ser una nebulosa a la cual nunca buscaríamos los hilos por los que tirar. Aunque hay mucha gente que se desentiende y pasa por la vida anclada en las cuatro reglas que aprendió por obligación y pretende seguirlo midiendo todo con esa vara.

      Digamos que aprendizaje voluntario y estimulado. Entre otras cosas porque lo único permanente es el cambio (cita muy conocida cuyo autor no voy a buscar ahora).

      Por mi parte estoy en otra fase de la reflexión, que me surgió mientras escribía el post pero pensé en dejarla para otro momento. Aprendemos también (o incluso sobre todo) mientras compartimos lo aprendido o, mejor dicho, mientras despertamos en los demás la curiosidad por el aprendizaje (mejor así, seamos humildes). Pero asumir ese papel de “Pepito grillo” de la curiosidad de otras personas es una losa muy pesada, salvo que te dediques a cobrar por ello. Me ocurre, cada vez más, que ese papel de compartir la curiosidad y los estímulos, me carga, porque suele llevar a que se acojan a tu responsabilidad por el aprendizaje de los demás. Creo que ya no lo quiero, sobre todo porque frena mi afán explorador y mi propio aprendizaje.

      Los datos, los hechos, vienen de todas partes, el reciclado en conocimiento, es interno. Y cada cual debe tomar decisiones sobre las dosis que necesita, ¿verdad?

      Tú con la historia de la filosofía occidental y yo filosofando sobre mi pequeña historia 😛 ¡Vaya par!

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