El (carroñero) negocio de las gaviotas

¿El suyo o el nuestro?

Aunque he de reconocer que en mis ruteos mañaneros a veces asustan e incluso me “sugieren” elegir otras alternativas, me gustan las gaviotas. En parte por que,  junto con el olor del mar, van asociadas a recuerdos de silencio y lecturas que forman parte de mi esencia, pero también porque este odio generalizado en nuestras civilizadas comunidades, me produce alergia.

Sé que las gaviotas crean problemas, ave oportunista que la llaman, pero parece que se nos olvida que la buena marcha de su negocio es proporcional a nuestra (in)civilizada desidia. Además, encuentro tantos parecidos en los comportamientos… A ver:

Son inteligentes, poseen complejos métodos de comunicación y estructura social muy desarrollada. Algunas especies exhiben conductas complejas y la hibridación entre especies es bastante frecuente.

Es decir, poseen muchas de esas cualidades que tanto apreciamos y fomentamos como claves de competitividad: se adaptan a las circunstancias y los espacios, comen de todo y reciclan, ya que hacen sus nidos con nuestros residuos urbanos.

Tal y como yo lo veo, su (carroñero) negocio depende del desarrollo del nuestro. Y las enfermedades y males que nos transmiten también son una consecuencia. ¿No deberíamos ir a las causas?

De todas formas, en esas manadas que acorralan a los barcos sé que no está mi amigo que prefirió la soledad de sus retos y que decía:

¡Si nuestra amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo, entonces, cuando por fin superemos el espacio y el tiempo, habremos destruido nuestra propia hermandad! Pero supera el espacio, y nos quedará sólo un Aquí. Supera el tiempo, y nos quedará sólo un Ahora. Y entre el Aquí y el Ahora, ¿no crees que podremos volver a vernos un par de veces?

—–

En el transcurso de los comentarios se fue imponiendo la idea de la libertad y de saltar límites y me apeteció recuperar, prescindiendo del tonillo evangelizador,  a mi amigo de la adolescencia. Ver a las gaviotas destrozándose por un pedazo de algo inspira para marcharse.

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8 Responses to El (carroñero) negocio de las gaviotas

  1. Daniel 21 octubre, 2011 at 19:35 #

    Aquí en la capi (donde pasa casi todo) no tenemos gaviotas pero sí plaga de palomas. Lo que me sorprende es que sobrevivan con semejante contaminación… Reconozco que el canto de las gaviotas siempre me trae amables recuerdos de las ciudades costeras del norte. Muchos atardeceres las veía desde mi habitación, posándose sobre la torre de la óptica Lopsy, y me quedaba embobado. No por las gaviotas, claro, sino por algo indescriptible de lo que ellas formaban parte. Por eso, lo siento, me es imposible cargarlas con culpa, cuando, como apuntas, las causas están en nosotros los urbanitas, me temo.
    Un abrazo nostálgico.

    • Isabel 22 octubre, 2011 at 17:42 #

      Daniel, si es que sobreviven a todo, como la raza humana y las ratas 😛

      Yo tengo debilidad por las gaviotas precisamente por ese “algo indescriptible” que tu dices. Supongo que también influye ser familia de mar, mi abuelo era patrón de pesca.
      Ese olor a mar mezclado con el sonido de las gaviotas es la melodía en la que me crié. Y encima era muy cría cuando leí a Juan Salvador Gaviota. Lo curioso es que durante muchos años, en Coruña dejaron de verse y ahora, aunque seguro que debe haber muchas más de lo deseable, me las encuentro por todas partes. Si las alimentamos tan bien, es que algo no funciona.

      Igual la nostalgia nos inspira… Un abrazo! 🙂

  2. Edu 21 octubre, 2011 at 22:29 #

    Hay muchos marineros que trabajan en grandes barcos a los que en algún momento les llega el momento de convertirse en gaviotas. Al final se come el mismo pescado, pero curiosamente cuando es pescado de gaviota parece que es menos valioso, al final es el mismo pescado, sólo que parte de ese valor se quedó en la gaviota, una parte tan grande que ya no vemos el pescado, sólo a la gaviota.

    A veces me pregunto qué aportó la gaviota y por qué nadie se fija en el pescado que lleva en su pico, porque al final es el mismo pescado.

    Por otra parte la enfermedad de dicho ave es muy significativa, ya que al final el pescado también enferma y de alguna manera termina enfermando también el barco, y con él todo el mar cerrando el círculo.

    Sin embargo a mi me gusta más pensar que algún día saldrá un pesquero con gaviotas a la mar, y cada uno aportando lo que mejor sabe hacer puedan conseguir un mejor y más sano banco de peces. El pesquero conseguirá más y mejor pescado, y las gaviotas, también. Ese día veremos peces y no pesqueros y gaviotas.

    • Isabel 22 octubre, 2011 at 17:51 #

      Edu, ¡pedazo de fábula que te ha quedado!. 🙂

      “… y cada uno aportando lo que mejor sabe hacer”

      La clave está en la palabra “aportando”, ¿verdad? Claro que igual habría que enseñar a hacer otras cosas a alguna de las partes implicadas. Hace un par de días decías en twitter cosas que me han dado mucho que pensar. Buenas preguntas, está claro que eso es lo que necesitamos para avanzar. Lo malo es que parece que habíamos ido perdiendo esa capacidad pero puede que el estado de la situación (y viceversa) nos ayude a espabilar el cerebro y volvamos a cuestionar.

      Lo de las fábulas se te da bien. Podemos seguir… 😀

  3. Tamara García 22 octubre, 2011 at 9:35 #

    Hace años que son una especia en proceso de desaparición en muchos puertos debido, principalmente, a que la pesca es casi un recuerdo. La grúa de mi puerto ya no sabe lo que es ese barco de la foto (creo que quedan dos). Ahora hay “chalanas” de los marineros jubilados e innumerables “mini-yates” de propietarios desconocidos.
    Creo que conocemos perfectamente las causas de “nuestros males”, pero no queremos asimilarlo. De hecho, cargándonos nuestras costas a base de “mega-construcciones” y “catástrofes petrolíferas” (las imágenes perduran en la historia, pero el olor todavía está presente en mis recuerdos) estamos consiguiendo que se marchen a otras zonas. ¡Lo mismo que estamos haciendo nosotros ahora, emigrar a otros lugares donde tengamos oportunidades!

  4. Isabel 22 octubre, 2011 at 17:55 #

    Tamara, tienes razón, yo hablo desde la visión del asfalto pero visto así aún es peor porque están donde no deben y no están donde deberían. Estoy de acuerdo, claro que conocemos perfectamente la causa de “nuestros males” pero nos hemos hecho muy expertos en echar balones fuera.

    Lo de las mega-construcciones es de llorar, lo he comprobado en alguna ruta reciente en zonas por las que hacía años que no iba. Y lo de los petroleros la peor de las maldiciones. Además, estadísticamente hablando, ya nos está a punto de tocar de nuevo porque sale a una media de diez años por hundimiento y el Prestige fue en 2001…

    Muchas gracias aportar este importante punto de vista 🙂

  5. cumClavis 22 octubre, 2011 at 23:29 #

    Para ilustres marineros trasatlánticos, el avistamiento de gaviotas era signo de buenos presagios y el augurio del fin de una penosa travesía.

    Coincido contigo en que el graznido de la gaviota sabe a océano o a mar…

    Bravo por la cita!

    • Isabel 23 octubre, 2011 at 10:34 #

      Una escena que suele estar magníficamente reflejada en la ausencia de color de las películas de nuestra niñez, la misma que nos sigue embargando en las duras travesías con las que nos ponemos a prueba.

      Sí, también me gusta esta imagen. Igual es que las gaviotas me indican que algunas travesías van dejando paso a nuevos inicios…

      La cita es fantástica! Gracias Manel. Un abrazo.

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