Un alto en el camino… [casi real]

Pensaba que era cosa suya, que esta indecisión de palabras que se negaban a ser formuladas en alto tenía que ver con la falta de perspectiva.

Luego, en medio de la lectura que le ocupaba, se encontró con una idea interesante y pensó que lo que le faltaba eran ideas

“Cuando piensas que lo único que te falta son palabras, lo que realmente te falta son ideas. Las ideas surgen bajo la forma de marcos. Cuando los marcos están ahí, las ideas surgen inmediatamente”.

Pero las conversaciones del día fueron configurando un extraño paisaje en el que algunos discursos parecían sonar repetitivos y ficticios empezando a mostrar otros aspectos. Tal vez la falta de descanso, mejor dormir.

La noche despejó de sueños el camino, que ahora se mostraba vacío y silencioso, y las certezas acudieron en tropel obligándole a hacer un alto. El bullicio había desaparecido y la magia de los bustos parlantes se desgajaba en retorcidas grietas de ecos internos.

“Caminar y no pensar”, se dijo. En el fondo tenía que ocurrir. Pero no  era una digestión fácil y no dejaba de preguntarse cuando se había empezado a confundir la opinión correcta con la opinión mayoritaria.

Sonrió al silencio amigo recordando cuanto le gustaba dibujar caminos con luz propia y se puso en marcha. La Vida no espera tras los cristales.

11 Responses to Un alto en el camino… [casi real]

  1. Daniel 29 septiembre, 2011 at 18:23 #

    Pero que criptica te has puesto, a pesar de los infantiles hipervínculos… donde he encontrado relaciones con la imagen con que nos ilustras. Así que este (casi real) nos muestra un estupendo ejemplo del uso de las nuevas tecnologías en la literatura. Pero danos más pistas, Isabel, nombra algo tangible a lo que podamos agarrarnos y no perder la direccion hacia Nunca Jamás. Lo mejor: “no dejaba de preguntarse cuando se había empezado a confundir la opinión correcta con la opinión mayoritaria” Gran hallazgo.
    Gran abrazo.

    • Isabel 30 septiembre, 2011 at 6:55 #

      Daniel, ¿tú crees? 🙂

      Es que hay cuentos infantiles que se las traen, seguro que si alguno se escribiera hoy en día tendríamos baño de titulares, protestas ciudadanas y cosas por el estilo. Porque hay que ver: envenenamientos, puñales, abandonos en el bosque, enanitos haciendo de currantes…

      ¿Pistas? Lo preguntaré, lo prometo. Me gusta eso de “la dirección hacia el Nunca Jamás”, suena un poco a decir “ya basta”. Lo de la opinión correcta y la opinión mayoritaria da mucho que pensar. Se diría que andamos muy, pero que muy perdidos.

      Gracias! 🙂 Un abrazo!

  2. Juana 29 septiembre, 2011 at 18:36 #

    Correr para acallar el diálogo, soñar sin sueños, dejar que el viento corra por las grietas internas y …. dejarse ir, para poder recobrar lo que uno perdió entre la ausencia de silencio ….

    • Isabel 30 septiembre, 2011 at 6:59 #

      Juana, es que a veces hay diálogos repetitivos que no aportan, o que hacen cortocircuito, ¿verdad?

      Precioso lo de “dejar que el viento corra por las grietas internas”. ¡Precioso! Es que no has hecho un comentario… ¡Es un poema!

      Correr para acallar el diálogo,
      soñar sin sueños, dejar
      que el viento corra por las grietas internas
      y… dejarse ir
      para poder recobrar lo que uno perdió
      entre la ausencia de silencio

      No se puede añadir nada. 🙂 Gracias Juana. Un abrazo!

  3. Manel 29 septiembre, 2011 at 19:10 #

    Muy onírica la sensación que despierta la lectura…como si se circulara a través de ella en un estado crepuscular … con los pies descalzos…[no sé por qué pero es tal cual me lo imagino…lo tenía que decir…]

    Humm… ”Confundir la opinión correcta con la opinión mayoritaria”… ¿es que la opinión mayoritaria no es jamás la correcta? Con razón lo correcto suele ser tan extremadamente singular…;)

    • Isabel 30 septiembre, 2011 at 7:26 #

      Manel, es que hay sueños muy raros de los que un@ parece despertarse cuando al fin duerme. O cuando te descalzas… ¡deliciosa sensación! Y ya puestos podríamos completar la imagen con una playa solitaria y limpia en un atardecer de otoño…

      Opinión mayoritaria… No sé si consigo encajar esas dos palabras. En realidad creo que lo importante es lo de “formar opinión”, y si ya es complicado individualmente, que encima lo haga la mayoría suena realmente utópico. Lo de ser “correcta” ya es para nota.

      Y mira, lo de descalzarse no es mala idea, igual hasta se opina con más libertad 🙂

  4. Goio Borge 30 septiembre, 2011 at 0:23 #

    es que… si tenemos que aprender con humildad, es lógico que escuchemos a la mayoría. Me gusta oirles, claro, tanto porque si sucede que siendo mayoría tienen razón porque muchos han pensado lo mismo y puede que sean razones poderosas las que comparten, tanto como si sucede que no la tienen, porque entonces tendrás el placer de llevarles la luz de la razón que has conseguido alumbrar en tu minoritario zaguán. Y si no son capaces de verlo, tendrás al menos la satisfacción de haber sabido escuchar a la mayoría donde ésta no hizo lo mismo con la minoría.

    • Isabel 30 septiembre, 2011 at 7:38 #

      Pero Goio, que párrafo “traidor” que lo tengo que leer dos veces. Claro, estás enlazando con el comentario del post anterior 🙂

      No sé yo de eso de escuchar a la mayoría, porque no suele haber argumentos. Pongamos como ejemplo cada una de las broncas que se montan en twitter o el la huelga de controladores el año pasado.

      Y ya que nombras a las minorías, ¿no te parece peligroso cuando las supuestas mayorías se definen con un pensamiento; o actos, únicos? Las mayorías son muy repetitivas, ejemplos nos sobran…

      En este “casi real” lo que se valora es precisamente lo contrario, el silencio para pensar. Claro que con lo rápido que piensas tú…

      Gracias Goio. Un abrazo.

  5. Goio Borge 30 septiembre, 2011 at 10:19 #

    efectivamente, he sido un chico malo. También es verdad que me he leído las dos entradas seguidas y ha sido inevitable.

    a ver, yo creo que nada da valor a un argumento (vamos a admitir que los haya…) por el número de personas que lo defienden/proponen. Las mayorías pueden ser manejables y manipulables, pero también las minorías. A veces las minorías ejercen sobre su pequeña parcela de poder el mismo tipo de acciones que quienes manipulan a las grandes masas. Y hay ejemplo de todo. A lo que voy es que aunque obviamente también me asuste el concepto de mayoría natural, su utilización mediática, y el bombo inmenso a que nos someten, y aunque sepa que esas tácticas son sospechosas, posiblemente indicativas de falta de razón sustituida por ruido, no es el número de gente que diga lo mismo el factor de importancia para rechazar una idea/opinión, sino todas esas cosas que puedan hacer para imponerla. Porque esta podría ser incluso correcta, pero como sabemos, los medios pueden destrozar el fin.

    por ello mismo, tampoco tengo respeto especial por minorías, aunque sea matizable que el hecho de serlo debe ser defendido, y es significativa su presencia por enseñarnos que hay otros mundos. Ahora, esto a veces se va al garete con experiencia personal, yo en cierto modo he pertenecido a o he sido tildado de pertenecer a minorías varias. Y, leches, muchas veces ha corrido muy poco viento en esas minorías. Es lo que tiene la militancia, que muchas veces sólo mira hacia adentro.

    • Isabel 30 septiembre, 2011 at 13:00 #

      Y a veces lo que no son minorías tragan por serlo. ¿Te suena eso de meter a las mujeres en colectivos que necesitan ayuda? ¿Un colectivo, minoritario y… homogéneo?

      Por otro lado tenemos a la minoría de los supermillonarios que lo manejan todo.

      Yo no creo en las mayorías, creo en la diversidad, en el debate y en la definición de problemas. En todo caso, como decía Juan Freire, la “comunidades de afectados”. Pero ocurre que si algo es titular en un medio de comunicación tradicional (prensa en papel, radios, TV) y se achaca a la mayoría, pues casi todo el mundo se lo traga y queda sentenciado.

      Coincido plenamente contigo. Yo soy también una intersección de múltiples minorías y tampoco puedo quedarme en ninguna de ellas porque me asfixio. ¡Viva la libertad y el debate! Y la reflexión, por supuesto.

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