Luther, el eterno conflicto del talento desestructurado

Escrito para Qvemos, la red social de tv, cine y webseries

Cierto que estando casi todo inventado, no hay que andarse con remilgos y que la ficción es eso, entretenimiento. A expensas de los que nos traiga la segunda temporada de Luther, esta primera entrega se me ha hecho espesa. Aunque breve, me costó terminarla y de no ser por el imponente Idris Elba, en todos los sentidos, la hubiera dejado en el segundo capítulo. Al igual que en The Wire, se come la pantalla sólo que aquí el deshilvanado contexto y lo excesivo de humana tragedia, y sentimientos de andar por casa, no cuadran con lo selecto de las tramas a investigar. Demasiados ingredientes saturan y degradan un cóctel.

Es de suponer que la nueva entrega nos traerá un desarrollo de la inteligente y culta Alice Morgan y puede que incluso descubramos su amistad con el  Dr. Hannibal Lecter, teniendo en cuenta que, además de sus cualidades, ambos descienden a la arena para ayudar al humano y atormentado talento que intenta sobrevivir entre las estructuras. Incluso la misma tensión sexual…

Las críticas han sido buenas, he leído por ahí que tenemos mucho que aprender de los ingleses… no sé, diría que siempre hay mucho que aprender y punto. A mi esta mezcla de presentación del caso estilo Colombo (conocemos a los malos desde el primer momento) y de talento e inteligencia estilo Sherlock no me parece tan original. Pero podría estar bien, de no ser por el mal desarrollo en las subtramas y de los tiempos en los momentos estelares que, por el abuso en la ralentización, dejan de serlo.

Con todo, lo que me resulta más decepcionante es el viejo tópico de cómo las estructuras ahogan el talento. Y no porque lo aborde sino porque se queda en el intento. Es como si no pudiéramos salirnos de las historias de mártires: “en muy inteligente pero tan buena persona…”

Pero será mejor no pecar de imprudente y dejar estas cuestiones entre signos de interrogación y puntos suspensivos. Habrá que esperar…

Por cierto, magnífico cierre musical con Nina Simone poniendo voz a Don’t let me be misunderstood.

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