“Ser bueno en algo ya no vale para nada…”

… tienes que ser el mejor para sobrevivir”

Sorprendentes afirmaciones en esta entrevista al presidente ejecutivo de Eastman Kodak, Antonio M. Pérez Álvarez.

Sabemos que los titulares los carga el diablo, pero no sirve echar la culpa al micrófono. Comprendo que ser máximo ejecutivo de una multinacional tiene que condicionar el discurso, pero los gigantes no son nada sin toda la red de pequeñas y micro empresas de las que hablan David o Julen, y que los datos amparan.

De hecho, la entrevista al ejecutivo de Kodak explica la estrategia seguida para pasar de 70.000 personas en plantilla a las 20.000 actuales, que no fue otra que el fomento de empresas más pequeñas que asumieran el excedente de personas e instalaciones.

Se necesitan motores de arrastre, cierto, pero me quedo con los “discursos alternativos”.

Por qué y cómo el conocimiento libre afecta a la cohesión social

Pero ¿cómo se mide el éxito? ¿En millones de puestos de trabajo creados? ¿En centenares de miles? ¿En tasas de rentabilidad social?

¿Podemos hacer un software cuyo uso ayude al menos a 100 microempresas a aumentar su facturación en un 5% en el primer año de adopción por vía acceso a nuevos mercados e intercooperación? ¿Cuanto nos cuesta desarrollarlo y enseñarles a usarlo? Si la respuesta es “una fracción de esos seis millones de euros” tenemos un buen argumento para pedirle a las grandes empresas que dediquen una parte de su RSC a la generación de herramientas libres y a las organizaciones empresariales que nos faciliten el acceso a sus socios…

Cuando el objetivo no es la cantidad

Hoy en día la gran parte de la gente que hemos puesto en marcha iniciativas empresariales somos gente normal, sea lo que sea esto. Ni mejores ni peores que el resto de la ciudadanía. No podemos competir por liderazgos planetarios. Eso sí, podemos recurrir a liderazgos humildes y compartidos, en pequeños nichos de mercado. Estos pequeños huecos enseguida se convierten en algo más que mercados. Pueden ser filés al estilo indiano o simples grupos de personas que comparten pequeñas pasiones. Porque tampoco hacen falta grandes declaraciones mesiánicas en la línea de que “esta empresa está aquí para salvar al mundo”.

La competitividad también navega por aguas tranquilas. Por objetivos menos ambiciosos que los que solemos encontrar en los libros de autoayuda empresarial. Hay un espacio para el negocio contenido, para decir que no a cierto tipo de volumen que sólo nos lleva a perder el norte.

La realidad se impone con Ciberprotestas legítimas e imparables mientras los discursos se construyen con narrativas colaborativas y transmediáticas. No son el futuro, están ahí, como cuenta Juan Freire.

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