Código Genético

 Dicen que si no puedes explicar en pocas palabras a qué te dedicas es que no tienes definido tu negocio, que no tienes una estrategia. De hecho, la sombra de esta duda me ha perseguido durante años en los que cuando alguien me hacía la temida pregunta, “¿A que te dedicas?” intentaba zanjar el asunto con dos palabras: “soy consultora”.

El caso es que los hechos parecían dar la razón a las teorías porque cuando pretendía definir mis objetivos, me refiero a los personales, se me escurrían entre una nebulosa de sueños, proyectos, ideas y prioridades. Lo cierto es que nunca he sabido demasiado bien qué soy y a dónde quiero ir. De hecho, aunque enPalabras nace ahora, existe conmigo en forma de proyecto desde 1999 en que registré este dominio y aún no sé muy bien a dónde me va a llevar.

En mi búsqueda de “recetas mágicas” he conseguido unas cuantas certezas, y algunas claves, que me han permitido seguir avanzando y no acomplejarme por mi tendencia quedarme con la escala de grises en lugar del confortable refugio de las verdades absolutas. Uno de estos conceptos ha sido el de “código genético” aplicado a mi trabajo y fui capaz de definirlo cuando me lo encontré en un dibujo de ya no recuerdo cual de mis innumerables y variopintas lecturas.

Así descubrí que el código genético de mi trabajo es “pensar, leer, hablar y escribir” y aunque suene un tanto pretencioso, en el fondo se trata de conceptos y palabras.

No sé si este blog es de trabajo o personal porque lo que también he ido descubriendo es que, independientemente del sector y tipo de actividad, ser empresaria (o empresario, claro) es una forma de vida, y ahí está precisamente otro de los errores de la fatídica pregunta porque lo que eres y a lo que te dedicas, no necesariamente coinciden.

Ahora sé que, aunque cambiaran radicalmente mis circunstancias y aunque nunca volviera a ponerme ante una hoja en blanco, nunca dejaría de ser dos cosas: empresaria y escritora. Por otra parte, si el concepto de código genético me ayudó a no restringirme a la realidad inmediata y a no cerrar caminos de futuro, la clave vino de quien inventó y acuño los términos de “infonomía” e “infoxicación”: Alfons Cornella. Aunque este blog nace de forma anónima y sin más pretensión que disciplinarme a no ir dejando ideas sueltas por múltiples libretas inclasificables, quiero dejar constancia de mi recomendación de asistencia el próximo Update´08 GALICIAjueves 29 de Mayo, en la Sede de FEUGA en Santiago de Compostela. Innovadoramente provocador y necesario.

Infonomía fue una revolución de conceptos para las rígidas estructuras mentales de los inicios de Internet, pero para mi fue una liberación porque me ayudó a completar mi definición. Si el economista es a la economía lo que el infonomista a la información, yo ya tenía la definición completa de mi esencia: empresaria, escritora, infonomista.

Tener información no es acumular datos porque su valor depende de la necesidad que las origina. La información que no se puede traducir en acción, tiene poco valor. Nada nuevo, por supuesto, tan solo la habilidad, la capacidad, las herramientas y el interés por superar la actual infoxicación que nos bombardea y nos impide pensar y decidir. La expresión “información útil” no tiene más sentido, ni menos, que el de tener la claridad de ideas y el valor de hacer las preguntas adecuadas.

Ese  es mi trabajo, ayudar a formular las preguntas adecuadas y doblegar a las palabras hacia el éxito de los proyectos. Pura efectividad y eficiencia. Para el resto, para las divagaciones y las reflexiones, empieza su incierta andadura este blog.

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