Consultoría y realidades

Pereza narrativa: Titulares que simulan hablar de excepciones

Hace años, cuando una mujer era entrevistada o constituía el motivo de un reportaje, solía ir acompañado de «la primera mujer que». Este etiquetado siempre me pareció más digno de vergüenza social que de aplausos, pero lo curioso es que, a estas alturas, sea cual sea el medio o el canal, sigue dando esa misma impresión, aunque no se diga en lo escrito.

Creo que la sensación no es casual, y tiene más que ver con cómo se construye el relato mediático que con la realidad de los hechos.

Durante décadas, la presencia de mujeres en muchos ámbitos fue efectivamente excepcional. El problema es que el lenguaje periodístico no ha actualizado ese marco mental al mismo ritmo que la realidad. Así, incluso cuando ya no hay una ruptura objetiva —ni histórica ni estadística—, el titular sigue funcionando como si la hubiera. Se activa el mismo molde narrativo: la mujer como anomalía, como hito, como “caso”. No importa tanto si es verdad o no que sea la primera; importa que se lea como una excepción.

Esto responde a varias inercias. Una es la pereza narrativa: el periodismo necesita un ángulo rápido, reconocible, y el de “mujer en un espacio tradicionalmente masculino” sigue siendo un recurso fácil. Otra es simbólica:

señalarlo permite al medio presentarse como consciente, progresista, alineado con una idea de avance social, aunque en la práctica esté reforzando la diferencia en lugar de normalizarla.

Hay también un efecto más sutil: convertir a determinadas personas en soporte de un mensaje que las trasciende. La mujer retratada deja de ser sujeto para convertirse en signo. No se la entrevista por lo que hace, sino por lo que representa. Su valor informativo no está en la acción, sino en el encuadre.

El resultado es paradójico

En lugar de contribuir a una percepción sin etiquetas, se perpetúa la idea de que lo femenino sigue necesitando explicación, subrayado y contextualización especial. Como si su mera presencia requiriese justificación. Y eso, a largo plazo, no corrige el sesgo, lo conserva bajo una forma aparentemente benévola.

No es tanto una conspiración como una combinación de hábitos, intereses y falta de revisión crítica del lenguaje. Pero el efecto es real: mientras el titular siga marcando la diferencia, la normalidad queda siempre aplazada.

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2 comentarios

    1. Gracias, Manel 🙂

      Es un enfoque habitual en mí, pero en este caso fue un poco consecuencia de tanto bombo con el reciente nombramiento de la «primera rectora de la universidad de Santiago». No paraban con la coletilla (a estas alturas, vergüenza social) y, para colmo, ya me esperaba lo que ocurrió a continuación: saltó a la luz el agujero en las cuentas y la convocatoria que habían dejado de tramitar.

      Es lo de siempre, el acantilado de cristal.

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