El espíritu de los faraones

Nilometro-RodasArquitectura legislativa

Además de los designios de los dioses y de los faraones, los egipcios vivían pendientes de otro factor que condicionaba su existencia: las crecidas anuales del Nilo.

Si bien las crecidas no se podían controlar, era necesario predecirlas como referencia de la situación económica ya que saber cuanta cosecha se recogería en los campo de cultivo permitía establecer los impuestos.

Un nivel de las aguas muy bajo suponía que muchos terrenos no podrían cultivarse y la consiguiente hambruna en todo el país. Un nivel muy alto permitía predecir la inundación de los pueblos, la destrucción de viviendas y la inutilización de los canales de riego.

Los gobernantes necesitaban estimar los impuestos a cobrar y para ello crearon un sistema que medía, con una serie de marcas, los niveles de inundación del río: el nilómetro. El sistema permitía estimar el volumen de la crecida y, por tanto, de la cosecha. Es decir, el verdadero objetivo de medir las crecidas del Nilo era fijar la cantidad de impuestos que se podían cobrar.

Se construyeron nilómetros a modo de escaleras en las riberas del Nilo y otros de sorprendente precisión matemática en pozos subterráneos, como el de Rodas. Ahora es más sencillo, (casi) todo se provoca y controla a través del BOE. Y mientras dios inunda los discursos el poder se re-centraliza.

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11 Responses to El espíritu de los faraones

  1. Manel [cumClavis] 5 abril, 2014 at 12:30 #

    Me imagino que lo de la arquitectura legislativa debe ir por los egipcios, porque llamarle arquitectura al chabolismo en el que ha caído este país es todo un eufemismo 😉

    De momento el nilómetro parece no estar ni en el bolsillo de l@s que trabajan, porque los impuestos se estiman independientemente de cualquier crecida, más aún, parece que cuanto peor va siendo la cosecha más altos son o resultan los impuestos. Y es la diferencia entre estar legislados o extorsionados…

    Diferente el post 🙂 Un abrazo!

    • Isabel Iglesias 5 abril, 2014 at 12:57 #

      Arquitectura del chabolismo, sí, bien dicho.

      Pensé lo mismo que tú respecto a la falta de correlación porque, es cierto, parece que cuanto peor va la cosecha más aprietan la soga. Sin embargo, sabemos que, al igual que la energía, el dinero no se crea ni se destruye, tan sólo se concentra en negocios cada vez más reducidos y si ampliamos un poco el foco hay algunas contradicciones interesantes.

      Por un lado las redes nos dan esa reverberación que nos reconforta a todas esas personas que en mayor o menor medida intentamos aportar para que el sistema cambie. Pero mientras nos-escuchamos, sigue habiendo una inmensa mayoría sin voz y cada vez más aislada que obedece y paga (en realidad todos pagamos).

      Por otro, si hay un modelo de negocio realmente rentable es el de las catástrofes y el de la asistencia social. Me explicaban hace unos días uno de esos entramados de poder en el que al final se juntan desde las empresas que venden las mantas que enviamos a las «zonas 0», las ONG´s y similares hasta las empresas que luego “reconstruyen”. La miseria genera mucho dinero y en ese equilibrio inestable entran tres variables que el poder maneja bien: el sálvese quien pueda, el mantener las apariencias y la “caridad cristiana”.

      Estoy de acuerdo contigo Manel, llamar arquitectura a este feísmo duele, ni siquiera servirá para recorrer su belleza al cabo de unos siglos. En realidad la auténtica ingeniería es la de la ciudadanía 😉 Un abrazo.

      • Manel [cumClavis] 5 abril, 2014 at 18:36 #

        Quiero pensar que las redes sirven a una cosa más que a construir la crónica de una muerte anunciada. Confío muchísimo en los movimientos que desde la base están actuando de manera decidida. Pero es una confianza ingenua ya que creo que se requiere de tiempo para revisar, no ya a las personas sino a los mecanismos del sistema que las pervierte y convierte a cualquier Jekyll en un Hyde extractivo y ávido. Y tiempo es lo que nos falta cada vez más dada la obscenidad a la que han llegado las formas pseudo-políticas actuales. Las prisas se llevan mal con diseños que aseguren buenos resultados en el medio, largo plazo,… eso ya lo sabemos.

        Un apunte alarmante este que comentas sobre los beneficios que generan las desgracias de los demás, una muestra más que bajo la máscara omnívora con la que se clasifica a los humanos se pretende maquillar al carroñero que más o menos profundamente anida en su interior. Y es que lo peor del concepto de carroñero está en la mezquindad de ese vivir sin luchar por ello y la falta de culpabilidad que se asume ante una muerte que se desea para sacarle provecho.

        • Isabel Iglesias 5 abril, 2014 at 19:13 #

          Uf, parece que me volvió a salir el deje catastrofista al escribir. ¡Tengo absoluta confianza en el poder de las redes! Es que yo diferencio entre las redes sociales, que toda la vida han existido, y las herramientas de comunicación en red. Otra cosa es que las herramientas ayuden a contactar, ampliar y amplificar la potencia de esas redes de verdad.

          De todas formas, creo que el uso que se hace de las redes es plural y enriquecedor, lo que ocurre es que estamos en un momento de “colonización” por parte de los medios tradicionales (periódicos, TV, instituciones…) que intentan manipular las corrientes de opinión y consiguen que todo se mueva a bandazos (la desfachatez o la tragedia de un día quedarán anuladas por la siguiente, impidiendo así la reflexión activa). Pero también creo que es porque todo avanza muy rápido y la madurez en el uso requiere cierto tiempo. Yo tengo confianza en ese proceso de madurez, no hay más que observar, por ejemplo, dos proyectos que conoces bien, el Disraeli y Máscaras, que yo creo que comparten el mismo espíritu: mostrar a las personas “sus riquezas”.

          Lo de los beneficios del “sector de las catástrofes” (incluidos los intermediarios) es una infamia. El negocio no está en las start ups, está en cosas mucho menos glamorosas. Tengo por aquí un borrador con el título de “negocios de mierda” y una de las noticias que me lo inspiró fue esta.

          • Manel [cumClavis] 6 abril, 2014 at 8:44 #

            En el momento actual he de admitir que tengo mis dudas sobre las expectativas depositadas en las redes, sean estas del tipo que sean. No he constatado otra utilidad en la red que la de servir al individuo aumentando su alcance, su radio de acción. De este modo la relación en red no parece otra cosa que una transacción de proyecciones e intereses individuales. Incluso la colaboración en red suelo encontrármela normalmente como una suma de individualidades. Algo que, a corte de ejemplo, caracteriza la llamada conversación en los blogs [a la que se refería Julen recientemente] que tiene poco de enredada y suele manifestarse de manera radial, entre el/la comentarista y el/la comentad@. Tener intereses comunes no supone necesariamente lo mismo que tener un objetivo común, hay algo de individualidad en el interés que ha de desaparecer en la colectividad cuando se persigue un objetivo común. Quizás de ahí la disgregación que desprenden las redes y la poca esperanza que se deposita en ellas para ciertos fines que reclaman “comunidad”. No sé… elucubraciones… 😉

            • Isabel Iglesias 6 abril, 2014 at 10:19 #

              Tengo que decir ok, ok, ok (uno por cada parte de tu comentario separado en párrafos provisionales). Participar es algo más que estar, ¿verdad? Es como lo de la colaboración que hemos hablado recientemente, si no se tienen los mismos criterios, no funciona. Y conste que no creo que deba de ser de una única manera, puede haber diferentes fórmulas y todas válidas, solo que hay que conseguir que encajen los diferentes niveles de expectativas. Hay que dar tiempo, seguro que tod@s estamos aprendiendo.
              Es cierto lo que dices sobre la conversación en los blogs, en muchos tiene poco de enredada. En el tuyo por ejemplo no ocurre, veo a menudo que las personas se mencionan unas a otras, de hecho yo suelo hacerlo porque cuando un post me ha gustado leo toda la conversación que genera e incorporo los matices. Y me gusta cuando ocurre en el mío. Pero comprendo que igual estoy entre las excepciones así que, igual que tengo mi opinión, soy absolutamente respetuosa con la de los demás. Y tod@s somos libres para elegir donde ir 😉
              Es muy interesante lo que dices en el último párrafo, yo creo que individualidad (que no individualismo) no está reñido con el sentimiento de comunicad, ¡al contrario! Por ejemplo tú y yo. Nuestros ámbitos de trabajo y nuestros intereses son diferentes, incluso a veces no tienen nada que ver, sin embargo lo que genera la conversación es entender y poder aportar algo que nos vamos encontrando en el camino y que pensamos que puede ser de utilidad. De hecho, si alguna vez llegamos a trabajar en un proyecto común (difícil, Galicia está muy lejos de todo) la riqueza estaría precisamente en las diferencias, en la sinergia que crean las individualidades entre pares. Es algo que comentaba en el último post de Doce Miradas, si tengo que definirme soy más “loba” que “mosquita muerta” pero el concepto de manada permanente me agobia. Como decía allí tal vez me define mejor lo de “solitaria y solidaria”. Y posibilista, eso me pierde muchas veces 😛

              Tiene razón Ramón, hemos hecho un súper post paralelo a cuatro manos. Gracias Manel. Un abrazo!

              Nota posterior: acabo de leer este post de Enrique Dans que coincide con lo que dices sobre las comunidades

  2. rfc 5 abril, 2014 at 22:25 #

    en los comentarios habéis escrito un post paralelo a cuatro manos, está bien pero se me han olvidado algunas cosas que iba a decir y ahora no vuelvo atrás. Pero por lo que yo veo aquí dentro, tiene razón Manel en que todo es una chapuza mayúscula.

    • Isabel Iglesias 6 abril, 2014 at 10:18 #

      Tienes razón Ramón, si lo hubiéramos previsto no saldría 🙂

      Sé que tenéis razón en lo de la chapuza permanente e improvisada. Pero creo que esto ocurre en el nivel más visible del poder (el que hoy está pero mañana quien sabe) y que en el que no vemos el objetivo está claro: todos al pozo que es lo que nos permite seguir “jugando”. Pero, aclaro, no quiero decir con esto que haya que abandonarse al desánimo, el comportamiento humano no es una regla matemática y las tormentas perfectas existen. Y todo puede ocurrir…

  3. Goio Borge 8 abril, 2014 at 16:21 #

    ¿Os imagináis una web verdaderamente semántica capaz de detectar directamente según se escribe aquellos sitios/links/noticias en que haya una relación con lo escrito? mmmh… entiendo que yo veo ahí capacidad también tecnológica para hacer/ver red, pero mucho me temo que un gobierno encontraría una puerta trasera de acceso a información…

    • Isabel Iglesias 8 abril, 2014 at 21:33 #

      Algo de eso va habiendo pero el día que funcione con precisión tendremos súper redes. Casi mejor dejarlo en un nivel un poco más humano, ¿verdad?

      Los del gobierno si que saben crear redes, pero nada de tecnología (salvo para cuentas bancarias), ni correos electrónicos, todo muy analógico 🙂

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