¿Te acuerdas de…?

Caer bien a la gente

La realidad nunca puede ser objetiva porque no es fácil enfocar sensaciones y sentimientos. Por eso cuando el “¿te acuerdas de”? se desliza en una conversación, debería activarse un mecanismo de respuesta automática para iniciar retirada.

Algo similar al “tenemos que quedar” en el que nos escudamos ante la propuesta de visionado fotográfico de vacaciones ajenas: idílicos paisajes, y momentos “únicos”, que solo permanecen en el recuerdo de quien los vivió.

Esa mirada personal, que es la base sobre la que edificamos la propia experiencia, tiende a convertirse en la interpretación de una realidad más amplia en la que necesitamos ubicarnos para representar nuestro papel porque

vivir es conocer, hacer, convivir y ser, por eso quizá sería bueno preguntarnos si nuestros procesos de aprendizaje son capaces de integrar estas cuatro dimensiones de la vida.

Teniendo en cuenta que tendemos a hablar de lo excepcional, de lo que nos preocupa o de lo que no entendemos, podríamos tomar el exceso de discurso en algunos ámbitos como indicador de donde debemos concentrar los esfuerzos para simplificar. Me sigo quedando con el ejemplo de las palomas supersticiosas, petirrojos individualistas y herrerillos innovadores.

Los comportamientos sociales son un reflejo de esa amalgama de percepciones personales entre las que nos debatimos, por eso el “¿te acuerdas de?” no es sino un síntoma de la necesidad de contextualizarnos para entender-nos o, incluso, para justificar-nos. Y todo es tan “sencillo” a veces como querer caer bien a la gente. Pero, ¿quién es la gente?

Empire Falls es una de las muchas poblaciones que, tras conocer tiempos mejores, quedó atascada en la cocción a fuego lento de su propia mediocridad, atrapada entre los prejuicios y la carencia de liderazgos.  O eso parece reflejarse en el excelente diálogo que reproduce el vídeo que va a continuación (3:59 m.).

Atrapados en el viejo dilema entre auctoritas y potestas, en algún momento tendremos que pararnos a examinar un problema que apunta más a los seguidores que a los líderes. Que lo que pone de manifiesto es la descoordinación, el no asumir la responsabilidad propia y la falta de ideas potentes.

Lo curioso es cómo estos mundos individuales se unen en actitudes grupales mediante códigos implícitos: “A la gente les gusta mi actitud pero la tuya… de eso no puede salir nada bueno”.

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11 Responses to ¿Te acuerdas de…?

  1. Manel [cumClavis] 31 Octubre, 2012 at 19:18 #

    Tal y como lo contextualizas, me imagino que “no es la lectura esperada”, ya que, como en todo, conocer lo que ha pasado anteriormente a este fragmento que nos enseñas debe condicionar la interpretación del presente que nos traes aquí. Pero no he visto esa miniserie y reconozco es limitación. Por eso, del fragmento de vídeo que nos muestras, me ha gustado especialmente el “gracias por pedir disculpas” del inicio de la conversación ya que es algo a lo que no estoy acostumbrado, este “gracias por dar las gracias” que creo que se merecen muchas maneras de obrar. También me ha llegado el esfuerzo de ambos por hablar, sí, ya sé que no hablan de lo mismo y que el final no es satisfactorio para nadie, pero confieso que me ha gustado el sufrido intento de los dos por dialogar…es algo que tampoco considero nuestro “pan de cada día”. Quizás sea por eso por lo que creo que coincido contigo en que “la realidad no tiene nada de objetivo”, ya que fundamentalmente se debe a los parámetros y claves que cada uno utiliza [o dispone] para decodificarla.

    Un saludo, Isabel.

    • Isabel Iglesias 1 Noviembre, 2012 at 8:20 #

      Aciertas con la complejidad de la escena Manel. Sobre todo porque no tiene una continuidad específica con el antes y el después, es una serie coral en la que el relato que prevalece es el de la comunidad. Capturé la secuencia completa para procurar no descontextualizar y no influir en lo que pueda sugerir a quien la vea.

      Pero auque no tiene continuidad como tal, se va notando la trascendencia de esa conversación en las decisiones que cada uno va tomando después, y lo que les separa no es la falta de entendimiento entre ellos, ¡es el día a día en el contexto de la comunidad! Mientras que para el policía es muy importante “caer bien a la gente”, el otro vive inmerso en sus responsabilidades procurando, simplemente, ser amable y no molestar a los demás. No es consciente del respeto que transmite y eso se vuelve contra él. Por eso me llevó a reflexionar sobre los liderazgos desde la perspectiva de los seguidores.

      Me llama la atención lo que destacas y me doy cuenta al leerlo que tiendo a dar por hecho que lo “normal” es intentar dialogar y dar las gracias. Y parece mentira que se me haya colado, con lo mucho que nos estamos cuestionando, a raíz de Máscaras, esto de la “normalidad”. Es cierto, debería ser lo normal pero desde luego no es lo habitual.

      Al igual que tú, tampoco doy demasiada importancia al hecho de que hablaran de cosas distintas, a veces hacen falta muchas chispas antes de poder encender el fuego. Pero el diálogo que mantienen sorprende incluso en el seguimiento de la serie porque no se ve venir, a pesar de que se palpan las diferencias (tanto de carácter como de actitud) y roces entre los dos personajes. Ese instante en que ambas soledades se tocan al tiempo que se repelen, es magistral.

      Si abordaran la conversación desde ese punto, desde la influencia de lo externo, podrían escucharse y cambiar algunas cosas tanto con respecto a sí mismos como sobre la comunidad. Con capacidad incluso para reconducir esa mediocridad que los marca a todos.

      Por eso creo que no se trata de juzgar (aunque personalmente me resulta difícil identificarme con los uniformes) sino de entender lo extremadamente cuidadosos que deberíamos ser con la percepción que tenemos sobre las situaciones y sobre las personas.

      Es una escena que me gustaría para un visionado en grupo, para poder escuchar las distintas interpretaciones y seguir reflexionando. Quizá la traje aquí por dejarla anotada por si en algún momento surge la oportunidad. Y ya ves que tus observaciones me han llevado a continuar 🙂 Gracias Manel.

  2. rfc 1 Noviembre, 2012 at 17:33 #

    está muy bien la perspectiva de reflexión que sugieres, pero estás siendo muy políticamente correcta porque la actitud del que lleva uniforme es inadmisible. Hay mucha gente así y entre las camarillas políticas es una epidemia. Al principio queda la duda de si el que se acerca al coche de verdad tiene motivo para pedir disculpas pero la poca elegancia del otro al contestarle ya pone en guardia, y luego con lo de la universidad en lugar de aprovechar para soltar los complejos se pavonea. Que me parece bien tu punto de vista pero el del uniforme es un gilipollas sin más.

    • Isabel Iglesias 1 Noviembre, 2012 at 21:42 #

      ¡Pues sí que estás desatao últimamente!

      Pues te aclaro que el comportamiento del que lleva uniforme es bastante necio durante toda la serie. Pero es el tipo de necedad que produce el sistema, por eso no ganamos nada con atacar, hay que empezar a buscar un poco más abajo para ir re-cortando tanta necedad.

      En el fondo no hay sino un sentimiento de inferioridad tremendo que de alguna forma parece que es lo le llevó a buscar cobijo en el uniforme. Lo que se lleva ahora vaya, las potestas que se han colocado encima de las auctoritas y que todo el mundo pretende colarnos como liderazgo. Por eso también comento que hablamos mucho de lo que no entendemos o dominamos. Cada vez que escucho eso de “el lider del partido #elquesea” me pongo mala.

      En el fondo reconozco que casi no creo en el liderazgo, creo que lo importante son las ideas poderosas, los sueños, los valores, la disciplina de trabajo, el atreverse a cuestionar y el proceso de ensayo y error. Pero ya sabes que ir de gurudeloquesea es muy rentable. En fin, creo que no he nacido para ser millonaria, económicamente hablando claro, porque en otras muchas cosas (las más importantes) me considero muy afortunada.

      ¿Querías claridad? Pues eso, luego no te quejes 😉

  3. Juana 1 Noviembre, 2012 at 22:30 #

    El contexto es importante, voy a “inventar” ….
    El policia es de los que se han quedado en “el pueblo”, el otro fue a la universidad y se hizo …. abogado (por ejemplo) son amigos desde la infancia ….
    El abogado no termina de encajar en el pueblo, costumbres que, antes eran las suyas, y que ahora ni comparte ni entiende …. el policía se quedo allí, comparte las costumbres, los ritos, las formas clásicas de entender la vida que tienen por allí ….
    Mundo que se cruzan después de tanto tiempo ….
    Me parece que el policía quiere al abogado, de verdad, pero …. se ha modernizado “demasiado” ….
    ¿Quién es el lider? …. no lo se, depende del entorno, de si el pueblo ha evolucionado o no ….

    Comprendo al poli, pero me identifico con el abogado ….

    • Isabel Iglesias 1 Noviembre, 2012 at 22:52 #

      Casi un pleno Juana 🙂

      El abogado (sigamos con el ejemplo) dejó pasar oportunidades tanto de relevancia social como de hacer dinero (dentro y fuera del pueblo) por pura responsabilidad familiar: un padre borracho, un matrimonio poco afortunado, las deudas familiares heredadas… Y todo el mundo lo admira, pero es al poli al que más pupa le hace, simplemente porque él no es capaz de mantenerse en ese tipo de decisiones éticas. Suele elegir caminos más fáciles, de hecho se ve reflejado en su propio hijo que va camino de convertirse en un matón amparándose en que papá es poli.

      Lo que de verdad le ocurre es que le gustaría parecerse al antiguo compañero de escuela (el abogado) y da la impresión de que si hubiera contado con su apoyo todo hubiera sido bastante diferente. Pero el abogado, sumido en su propia vida de responsabilidades, ni se entera.

      Me ocurre lo que a ti, me identifico con el abogado… pero también comprendo al poli. Tan sólo buscaba apoyo y el reconocimiento que nunca tuvo. La conclusión es que nos escuchamos poco y con lo compleja que se vuelve a veces la vida, no es fácil darse cuenta. Por eso deberíamos aprender a no necesitar liderazgos cerrados sino a compartirlos.

      Un abrazo!

  4. Iago 4 Noviembre, 2012 at 21:33 #

    La simplificación que deriva en complicación por las propias dinámicas mayormente urbanas, no? Aquello de que se muere una persona de ciudad que se pierde en medio del bosque, o, siguiendo peliculeros, el final de Una Historia Verdadera, que era el que tenía que ser, los dos hermanos reencontrándose y no diciéndose nada (que no dejando de comunicarse).

    Que no seré yo quien hable de volver al monte, pero la lógica de las tareas de limpieza en el agro, compartidas, es la que se pierde con el falso individualismo urbano. Espacios, decíamos, no?

    • Isabel Iglesias 5 Noviembre, 2012 at 13:49 #

      Sí, es una paradoja curiosa. La complejidad de la vida urbana nos lleva a una simplificación exagerada que termina haciéndolo todo más complicado.

      Estoy intentando recordar el título de la película del primer ejemplo que pones y no lo consigo. ¿Serías tan amable de decírmelo? No voy a desvelar el “de qué se muere” porque igual lo encuentro en youtube o lo capturo, pero recordar el título ayudaría bastante 😛

      El reencuentro de los dos Hermanos en Una historia verdadera es un delicioso ejemplo de comunicación. Tampoco me acordaba. Y de paso voy a recuperar la banda sonora. Gracias!!!

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