Lo que hay de oficio y puro trabajo

Infalible sincronía

La inspiración no es suficiente, el artista es un artesano que empieza por dominar la técnica para luego aprender el respeto y elevar su trabajo a la categoría de oficio. Pero, a veces, el cuerpo piensa mejor que el cerebro y hay que saber volver al principio para entender el final.

Sin negar el valor de la inspiración y la magia del momento, conviene valorar todo lo que se necesita para construir un sueño, e impedir que nuestra ilusión se resigne a que las limitaciones de las que se parte, nos hagan quedar por debajo de la altura de lo que realmente desearíamos hacer.

Reflexionaba Bianka sobre las capas de cebolla de nuestro comportamiento como resultado de un movimiento de dentro hacia afuera y compartimos dudas sobre si los motivos están más cerca de nuestro core que las preferencias. Y esto me devuelve al párrafo anterior, a la construcción de un sueño, ya que también creo que es mejor separar la idea que nos gusta de los inconvenientes inmediatos, y que hay que profundizar en las motivaciones que nos impulsan.

Es decir, parece que nuestras preferencias motivan lo que hacemos pero conviene darle la vuelta para averiguar qué motivos hay en su acotación. Vaya, que me he quedado como estaba, y me gustaría entender por qué en tantos casos la pasión y el oficio se quedan en el tedio de la resignación mientras alimentamos sueños ajenos.

Me había propuesto lecturas de verano al margen de mis preferencias habituales, por esto de explorar, pero observo dónde se posa la mirada y parece que de nuevo llego a los motivos que subyacen tras las preferencias.

Apenas abría los ojos y no necesitaba mirar al pianista para mantener con él una infalible sincronía, tal vez sostenida mediante signos que yo no sabía advertir, y sin duda mediante una complicidad de muchos años, no sólo dictada por el virtuosismo y la inspiración improvisadora, sino por la rutina y la duración de las jornadas laborales de los músicos, en las que el aficionado, sobre todo el aficionado europeo, no piensa mucho, porque tiene una idea exclusivamente poética del jazz, abstracta, alimentada por la belleza intemporal y también incorpórea de los discos, de modo que no repara en lo que hay de oficio y puro trabajo con largos horarios y sin demasiado fruto en las vidas de la mayoría de los jazzmen eso se notaba cuando al final de una canción miraban sin disimulo el reloj, sin complacerse mucho de los aplausos, y empezaban a cubrir el piano, a desmontar la batería, a guardar en su funda de cuero el arco del contrabajo, gente cansada que ha terminado a deshora su turno laboral y echa el cierre del taller y deja en su sitio las herramientas con el automatismo de lo que se hace todos los días y el alivio de salir a la calle.

Me hizo recordar la fantástica descripción de Sennett acerca de la independencia de las manos sobre la ejecución pianística (cuyo desafío es aún más difícil de superar en el piano jazzístico), pero me sigo preguntando cómo construir puentes para enlazar el virtuosismo y la nostalgia ajena con la ilusión del propio proyecto de vida.

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12 Responses to Lo que hay de oficio y puro trabajo

  1. Tamara García 14 agosto, 2012 at 9:38 #

    “Descubrimos habilidades y talentos al margen de la rutina” y “separar la idea que nos gusta de los inconvenientes inmediatos” deberíamos repetírnoslo siempre que nuestra ilusión vaya menguando.

    Capacidades profesionales: hay cambios de concepto muy grandes que tenemos que ir asumiendo en un entorno bastante complicado pero perfecto para romper con las rutinas “de mirar el reloj” o “la sirena de salida”. Si todo estuviese bien, nadie intentaría salirse de su medio metro de confort.

    ¿Las preferencias y los motivos no podrían ser adaptables según las circunstancias? Sin una posición fija…

    • Isabel Iglesias 14 agosto, 2012 at 12:44 #

      La cuestión es salvar esa rutina, claro. Incluso cambiaría el “siempre” por un “para que” y añadiría un “no”: repetírnoslo siempre PARA QUE nuestra ilusión NO vaya menguando. Más vale prevenir…

      Sobre lo del confort llevamos hablado bastante porque, ¿de que sirve un sillón muy cómodo mientras las neuronas y el corazón sufren?

      ¿Preferencias y motivos adaptables a las circunstancias? Me saltan muchas alarmas. Parafraseando de nuevo a Manel, no vaya a ser que a fuerza de bajar el listón nos vayamos quedando “por debajo de la altura de lo que realmente desearíamos hacer”

      Otra cosa me parece concentrarse en cambiar o moldear las circunstancias… :)

  2. Goio Borge 14 agosto, 2012 at 11:23 #

    A veces pienso que si en lugar de estudiar lo que estudié hubiese optado por alguna de las opciones que me parecen ahora más atractivas, tal vez en este momento estaría aborreciendo de ese oficio que ahora me parece tan atractivo y estaría intentando moverme y deseando haber estudiado lo que en realidad estudié. Sé que en realidad es una deriva asociada a la desazón por haber perdido cosas interesantes al optar por una que también lo era, más que cansancio o pérdida de pasión. Pero entiendo que es inevitable: todo ejercicio de un oficio (llamémosle oficio, es una palabra antigua que suena digna) conlleva unas estructuras/rutinas inevitables, aunque sólo sean por la necesidad crematística de vivir de algo.

    Aunque también es cierto que desconfío algo de quienes nunca, ni por lo más remoto, dudan de su actividad.

    • Isabel Iglesias 14 agosto, 2012 at 12:53 #

      Goio, estudiar lo que estudiaste me parece un soporte perfecto, sobre todo para ti, teniendo en cuenta tus capacidades y talentos (que no repito porque saltan a la vista y no vaya a parecer pelotilleo). Sólo hago una observación-pregunta: ¿consideras como estudios sólo tu etapa de formación oficial? Yo diría que no debe ser así, y menos en tu caso. Otra cosa es poner en valor (mejor dicho ser capaces de rentabilizar) todo lo aprendido.

      Me uno a tu consideración final. Cuando alguien dice “yo tengo muy claro que” o “yo lo tengo todo muy claro”, intento huir como de la peste (no me gustan los tópicos pero a veces son muy gráficos).

      Como bien decías hace poco, es una etapa compleja y dura, pero fascinante :)

      • Goio Borge 14 agosto, 2012 at 14:17 #

        No, obviamente uno estudia durante toda su vida, casi casi aunque no quiera, y yo creo haber tenido una actitud de aprendizaje continuo, pero, hablando de desarrollo de oficios/profesiones… Tal vez mi comentario subrayaba demasiado el peso de esos años de formación oficial, que, como siempre, hay que poner en la justa medida. Porque desde luego son esenciales, pero la experiencia indica que pueden ser el fundamento para el desarrollo de muy diferentes cosas. Y más en la actualidad, porque a fin de cuentas, muchas profesiones no se estudian simplemente porque se están creando. Aunque en un mundo de especialización técnica, es muy difícil conseguirlo si no existe una base educativa mínima sobre la especialidad que se trate. Por ejemplo, expertos en medioambiente surgieron de la química o la ingeniería a partir de necesidades legales, o técnicos en nutrición de las especialidades de ciencias de la salud.

        y el pelotilleo nunca viene mal, oiga!!

        • Isabel Iglesias 14 agosto, 2012 at 14:23 #

          Y, fíjate Goio, que lo que creo que falta son personas que tengan la formación, la estructura mental y la infinita curiosidad de aprendizaje.

          La formación técnica de la que se habla hoy en día carece de esa base amplia. Sin personas que puedan adentrarse en muchos ámbitos, no funciona. El futuro está en las personas! Quien se crea lo contrario, acabará siendo sustituido por una máquina.

          Mira que pensamos todos! :P

  3. Michel Godin 14 agosto, 2012 at 22:34 #

    Hola Isabel! Tu post me hizo acordar mucho a una frase de Versvs que muchas veces me repite cada vez que hablamos de crear nuevos emprendimientos (sobre todo porque yo me achaco ser ‘demasiado soñador’:

    “Para crear un mundo mejor, primero hay que ser capaz de soñar con él” Y es una gran frase que me devuelve las ganas y la confianza de seguir adelante, soñando y… construyendo. Esa parte también se me torna difícil a mi y creo, en mi caso, que una de las cosas que pesan más en eso es la falta de ‘otros soñadores’ digamos. Por poner un ejemplo, ahora estoy con un proyectito para unos clientes al cual le tengo mucha fe y confianza, pero sin embargo ahí estoy yo empujando con más fuerza a veces que los clientes mismos. Y esto cansa…
    Por eso en cierta forma voy camino de ser un ‘socio’ pero si no consigo que se superen pues… que será un lastre.

    Esta constatación, en mi nuevísima experiencia como ‘consultor’, me ha llevado a posponer algunos otros proyectos que me encantaría hacer pero en los cuales detecto la misma falta de voluntad o ilusión. Una pena, pero es un poco así… por ahora trato de equilibrar entre no desgastarme demasiado y hacer las cosas de la manera que más me guste.

    “me sigo preguntando cómo construir puentes para enlazar el virtuosismo y la nostalgia ajena con la ilusión del propio proyecto de vida”

    Yo tengo mucha confianza en que encontraremos esos puentes o formas de tenderlos. No lo dudo ni un segundo, tardará tal vez, pero llegaremos. Hay una punta que me encanta, y que a vos tambièn, la caza del mamut. Me encanta la idea de tejer redes con quienes nos entendemos. De construir alianzas y comunidad.
    Hay un camino largo por explorar y sabemos que no está excento de dificultades, pero estoy seguro que lo podremos hacer. Y cuando eso pase, será maravilloso :)

    Abrazo grande!!

    • Isabel Iglesias 15 agosto, 2012 at 9:30 #

      Gracias por los enlaces Michel! Me he pasado un rato estupendo descubriendo algunos que no había leído y recordando definiciones. La de la “biopolítica del emprendimiento” es muy buena.

      La descripción del libro me hizo pensar en las actuales argumentaciones sobre el cine, y el arte en general, que se intentan mantener desde posturas oficiales con las que los elegidos intentan mantener sus privilegios amparándose para ello en la lógica de la escasez. Y esto me remite a Gonzalo, a las leyes de hace tres siglos y a los modelos de negocio.

      Pienso en el tedio de ese pianista por la repetición de cada noche pero eso también los ocurre a artistas súper famosos, sólo hay una diferencia: el dinero. Entonces me pregunto si es suficiente diferencia para mantener viva la ilusión del propio sueño (ejemplos sobran de que en muchos casos sólo es una disculpa). Esa pasión, y la necesidad de encauzarla como forma de vida, es algo que está muy bien representado en Threme (la que enlazo al final)

      Pero no lo aplico sólo al arte sino a otros oficios y oportunidades emprendedoras. Me encanta la imagen de los puentes, me la llevo al block de notas, y sobre lo de cazar mamuts… ¿qué quieres que te diga? No he encontrado mejor definición de lo que de verdad significa “colaborar”. Donde la mayoría entiende re-partir el pastel, Bianka expresa de una forma magnífica que la verdadera colaboración lleva a nuevos descubrimientos, a nuevas posibilidades. Que no es un juego de suma cero contra otros sino que es fuente y puente de oportunidades por descubrir.

      Yo también creo que acabaremos explorando y recorriendo esos caminos, al menos muchos de nosotros y eso será importante para ir cambiando tendencias. :)

      Estupenda conversación. Gracias Michel. Abrazos!!!

  4. Manel [cumClavis] 15 agosto, 2012 at 19:57 #

    Jolín con la pregunta :-): “Por qué en tantos casos la pasión y el oficio se quedan en el tedio de la resignación mientras alimentamos sueños ajenos”.

    Puede que sea debido a que no hay ninguna realidad a la que lleguemos que esté a la altura de la ilusión que hemos depositamos en ella. Es probable que se deba a que la ilusión conlleva un punto picante de deseo que suele desaparecer como un espejismo cuando lo alcanzamos por aquello de que no se suele desear lo que ya se posee. Claudicar ante esta evidencia puede ser lo que lleve a esa resignación y tedio al que te refieres. Quizás sea el cansancio propio lo que mueve a instalarse en el goce que siempre se puede imaginar en otros…

    Ante la búsqueda sedentaria por establecerse en aquella realidad a la que lleve una ilusión se puede contraponer el nomadismo de transitar persiguiendo aquella ilusión que trascienda a cualquier realidad a la que se llegue. Esta segunda opción es para mí la más interesante aunque no suele considerarse realista o madura y suele contar con poco apoyo social, quizás sea este también uno de los motivos de que se suela acabar rebozándose en un pragmático y resignado tedio.

    • Isabel Iglesias 16 agosto, 2012 at 9:57 #

      Si, la preguntita se las trae :) sobre todo si la realidad es la que es, ¿verdad? Esa fue una de las cosas que me llamó la atención en el relato de la reacción del vecindario de Tremé tras la catástrofe de Nueva Orleans, muchos se fueron, otros perdieron el ánimo para volver a tocar, pero algunos, unos pocos, encontraron en la pasión propia la forma de reconstruir la ilusión de muchos.

      Es cierto que muchas veces esa relación entre deseo e ilusión tiene bastante de espejismo, algo sobre lo que nos has invitado a pensar en algunas de tus reflexiones. En una de ellas dabas una interesante visión en relación a las actitudes de los equipos que muy bien podemos (debemos) aplicarnos en los entornos personales.

      “No está de más pues que, ante aquellas dificultades relacionadas con las actitudes de los equipos en su empeño y su persistencia hacia la consecución de un objetivo, se revisen estos aspectos [conocimiento, presencia, atractivo y posibilidad de la meta] y, lo que es crucial, se inviertan recursos [tiempo] en atizar el verdadero anhelo de cada persona por el logro perseguido”.

      Recuerdo que esas palabras me hicieron establecer muchas conexiones y lo comenté en la conversación, en la que, entre otras cosas, yo misma reflexionaba sobre que “tomando cada fase como un nuevo inicio”, es necesario “dejar que aflore lo que de verdad nos apasiona para que el deseo trabaje siempre en nuestro favor. Tampoco debe ser preocupante que alguno vaya quedando por el camino, no deja de ser parte del necesario proceso de ensayo y error sobre lo que de verdad debe resultarnos apasionante: el aprendizaje vital”

      Sin la fuerza del deseo y la capacidad de ilusionarnos es difícil disfrutar de la Vida porque siempre hay motivos para la frustración y la decepción. Y no se le suele dar importancia, más bien al contrario, se tiende a manejar como algo extrínseco, como el caramelo para movernos hacia algo que, una vez conseguido, ya no sirve y necesitamos un nuevo aliciente.

      Siempre me ha gustado la forma en destacas este tipo de reflexiones en relación a los equipos y al liderazgo. Y siempre me ha hecho pensar en aquello que tenemos cerca y a lo que no damos importancia, nuestra labor como padres-madres en la que deberíamos contribuir a transmitir ese “buscar hacia adentro” para encontrar lo que de verdad nos ilusiona y nos motiva. Por ahí vino también mi duda en la conversación con Bianka sobre si están antes las preferencias o los motivos. En realidad creo que van muy unidos en su desarrollo. Que partiendo de las preferencias (digamos tendencia natural) que traemos de serie, los motivos son algo externo que bien puede alimentar esa pasión o, llevarnos al auto engaño.

      A mi me gusta tu opción: “el nomadismo de transitar persiguiendo aquella ilusión que trascienda a cualquier realidad a la que se llegue”. Sobre todo si en ese tránsito procuramos que la ilusión trabaje en nuestro favor interpretando cada fase como un nuevo inicio. Pero, claro, asumiendo que hay que saber preservar (y permitir que los demás lo entiendan) esa parte de soledad exploradora en la que el propio universo está tan lleno que, por momentos, no cabe nadie ni nada más. En mi caso (el que mejor conozco, no es egocentrismo) cuando puedo viajar en solitario (personal y profesionalmente), vuelvo con mucho más que compartir.

      Uf, creo que me he pasado un poco con la extensión de la respuesta. Un placer de conversación. Gracias Manel! :)

  5. Carla 16 agosto, 2012 at 22:24 #

    Personalmente creo que lo que uno estudia no tiene por qué decidir su “futuro oficio”. Con 18 años yo no sabía ni quién era (bueno, realmente sigo sin saberlo hoy, pero creo que estoy un poco más cerca), como para saber lo que quería “ser de mayor”… De todos modos, creo, sinceramente, que al final, lo que estudiamos es lo de menos. Pienso que en el mundo, por generalizar (que ya sabes, Isa, que me gusta mucho) hay dos tipos de personas: las pasivas/activas y las “pasotas” (totalmente diferente de las pasivas, pues etimológicamente, y frente a lo que muchos creen, “pasivo” tiene el mismo origen que “pasión”, y nada que ver con “pasar”, por eso para mí pasivo/activo son en muchos casos dos caras de la misma moneda). Las activas/pasivas, observan, escuchan, piensan, crean… ¡y actúan! En resumen: VIVEN. Y las “pasotas”, pues eso, “pasan” las hojas del calendario y se dejan arrastrar.
    Que las personas actopasivas (por inventar un palabro de los que tanto le gustan a mi queridísima amiga ;) ) sufrimos muchas veces la tentación de caer al otro lado, es normal, pues lo contrario resultaría agotador (¿os creéis que Picasso no echaba siestas?). Pero es en esos momentos cuando debemos recordar que, un día, se encendió en nuestra cabeza/corazón (otras dos caras de una sola moneda) una chispa que rompió esa rutina del oficio elegido o impuesto (por qué no), y de pronto rompemos esa rutina y recobramos la ilusión. La perderemos una y otra vez. Sí (o creeremos que la perdemos). Pero no porque queremos, sino porque hay impuestos, hay leyes, hay facturas, hay que cobrar para comer… Pero lo importante es la esencia, que cuando miramos hacia nosotros mismos, podamos decir: “Esto es MÍO” (no mío de posesión, sino mío de creación propia). Y eso no hay rutina en el mundo que lo tumbe.
    Por otra parte, y recurriendo una vez más al refranero, todos hemos escuchado la frase “Conocerte es amarte”, porque no puedes amar a quien no conoces, y sólo puedes llegar a amar a través del conocimiento de la persona más allá de lo superficial. Y, con un oficio, pasa lo mismo: cuando no lo conoces te sientes perdidísima, y a medida que lo vas entendiendo y profundizando en él, aprendes a amarlo. (Y suele ser entonces cuando se enciende esa chispa creativa, eso que ahora se llama INNOVACIÓN, porque necesitamos a “lo de siempre” introducirle “lo nuestro”, nuestro signo, nuestro YO). En definitiva, crear

    P.D. Releo todo esto y creo, de verdad, que nos van haciendo falta esas cervezas :)

    • Isabel Iglesias 19 agosto, 2012 at 11:21 #

      Interesante reflexión Carla. Creo que es tan personal que poco se puede (debe) añadir.

      Por relacionarlo con el enfoque del post, diría que en la primera frase apuntas a una parte importante del problema, creo que el tipo de planes y actitudes que se tienen con respecto a la educación lleva a eso, a tener que decidir el “futuro oficio” por caminos cerrados y estereotipados, algo absolutamente improcedente por varios motivos pero, hay uno que hoy en día salta a la vista y ya todo el mundo repite: uno no se puede preparar para lo que no se sabe que existirá.

      En realidad el post tiene más de abstracción conceptual que de reflexión personal, o por decirlo de otra forma, es una reflexión personal sobre el intento de abstracción conceptual de este puzzle que no damos colocado: “Nos encanta Ken Robinson pero insistimos en comprimir al futuro en burbujas cuyo final es previsible: explotan”.

      También creo que la mayor parte de las personas no piensan en términos de oficio, ni siquiera de trabajo sino, simplemente, de empleo. Y no es lo mismo. El oficio es algo que se desarrolla en el tiempo, con humildad, trabajando duro y eligiendo a los maestros adecuados, que habitualmente no tienen nada que ver con los que nos tocan en la facultad.

      Estoy de acuerdo en que tampoco es tan importante lo que se estudie inicialmente. Todo conocimiento suma, todo se coloca en el momento adecuado en donde puede ser productivo, siempre y cuando se sepa mantener la curiosidad (y la humildad, insisto) por mejorar, por descubrir y seguir aprendiendo. Por eso me llamó la atención lo de las preferencias / motivos. Y por eso me interesa tanto entender el conflicto que parece enquistarse entre pasión y deseo. Y yo creo que no hay conflicto, que hay supuestos equivocados (como casi siempre).

      Lo de cuadrar todo eso (aprendizaje, oficio, pasión…) con el día a día y sus exigencias tampoco glamorosas, yo creo que es el verdadero reto. No soy nada platónica en eso, nunca me entusiasmó “la idea perfecta de”, soy más de hacer camino, quizá otras personas sean mas de perfecciones y yo de explorar.

      Gracias Carla. Interesantes tus palabros ;)

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