¿De quién son los proyectos?

Analizando

No es fácil, en este momento, saber dónde mirar porque ahora que al fin asumimos que el “modo crisis” equivale al “modo normal”, es inútil esperar milagros.

Los conceptos se tambalean, ya no sólo el de empresa, puesto de trabajo o incluso el de estado, lo del bienestar mejor ni tocarlo, sino que es incluso difícil definir lo que significa proyecto. Tarde o temprano, a todo le toca re-visión.

Nuestra actividad de consultoría siempre ha sido muy artesanal. Incluso cuando no conocía esa definición, siempre nos hemos presentado como gabinete de  proyectos integrándonos en los procesos de innovación de los clientes para hacer lo que mejor sabíamos: bajar a la arena para convertir la información en un recurso útil, lo que implica que se pudiera traducir en beneficios no sólo cuantitativos, sino cuantificables.

La expresión “información útil” no tiene más sentido, ni menos, que el de tener la claridad de ideas y el valor de hacer las preguntas adecuadas… para enfocar, diseñar, planificar y poner en marcha.

Precisamente por esa integración en su núcleo más estratégico siempre nos hemos impuesto un estricto código ético que convertía cada trabajo en (casi) único:

  • Un servicio cuyo resultado final pertenece al cliente, lo que significa confidencialidad absoluta
  • Incompatibilidad para actuar simultáneamente en organizaciones competidoras

Es decir, un constante aprendizaje de las especifidades sectoriales, su normativa y sus entornos que, aparentemente, restaba rentabilidad a nuestros servicios. Sin embargo la experiencia nos fue dando algo mejor: perspectiva, sistema y la destreza necesaria para procesar los diferentes feedback con los que teníamos que trabajar.

Hasta no hace mucho las organizaciones hablaban de «sus proyectos» analizando su viabilidad desde una perspectiva más interna que externa ya que, aparentemente, el mercado podía con todo. Pero ahora que nos vamos convenciendo de que no son sólo transacciones económicas sino un espacio social más amplio cuesta saber por dónde empezar.

Cuando en esta búsqueda de «soluciones» se habla tanto de creatividad, se agradece el alejamiento de la exaltación poniendo orden en la definición de tipologías y que se deje a la tecnología en el lugar que le corresponde anteponiendo lo que de verdad importa, la elaboración de vínculos para generar contextos.

Necesitamos personas creativas pero, sobre todo visión, estructura y mucho trabajo para generar nuevos marcos de desarrollo. Los proyectos ya no pueden sobrevivir aislados, la foto de familia sí cuenta.

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16 Responses to ¿De quién son los proyectos?

  1. Manel [cumClavis] 19 diciembre, 2011 at 21:53 #

    De entre los diferentes temas que abres voy a comentar el que hace referencia a la consultoría. El propósito no es otro que complementar lo que ya has expuesto ya que de alguna manera, al leer el título de post [de quien son los proyectos?] y al exponer algunos de vuestros principios, me he acordado de viejas discusiones…

    Normalmente un proyecto no genera una relación de consultoría sino que es una demanda la que posteriormente, una relación de consultoría, transforma en proyecto. Es por eso que un proyecto pertenece a aquellos que han trabajado en él en la medida de sus aportaciones. Por el lado de la empresa que es la que suele poner la Organización y los recursos suelen pertenecerle aquellos aspectos que le son propios como los datos, el conocimiento organizativo, y los resultados directos del proyecto. El diseño, la metodología de trabajo y todo aquello que el consultor dispone para poder prestar el servicio le pertenece a éste último. Lo que se halla en la caja de herramientas del consultor así como su destreza para usarlas pertenece al “artesano” este es su sello y su verdadero portfolio para ser reconocido y poder seguir trabajando.

    Soy de la opinión que en un proyecto el consultor no trabaja ni detrás ni delante del cliente sino con él, a su lado. De hecho, se colabora con el cliente en un proyecto donde la aportación de ambos es imprescindible para desarrollarlo y donde ambos son visibles. Este es un tema que ha de ser trabajado… Un cliente que esconde al consultor no es un buen cliente y cuando sucede lo contrario ya no se trata de consultoría. Necesitamos poder mostrar lo que hacemos [y que nos muestren con orgullo] para seguir trabajando. Cuando te refieres a “confidencialidad” me imagino que te refieres a la tipología de proyecto, a los datos que se manejan y a los resultados que se obtienen. En algunos casos escabrosos quizás si se tenga que correr un tupido velo y despedirse en voz baja entre bastidores, pero cuando se trata de proyectos de desarrollo es sano para la relación que se haga visible la colaboración. Quizás deba de hacerlo el cliente, pero debe de hacerse… Este aspecto es imprescindible y el que debiera caracterizar el modelo artesano de consultoría que se desprende de la declaración que has enlazado.

    • Isabel 19 diciembre, 2011 at 22:50 #

      Manel, abordas un tema de gran trascendencia en el que estoy completamente de acuerdo: el cliente que esconde al consultor no es un buen cliente. Cuando esto ocurre, y tienes razón se dan más casos de los que parece, es que alguien en la organización no está haciendo su trabajo y se transforma en una especie de delegación (¿dejación?) de funciones y responsabilidades.

      En mi caso ocurre al contrario, por ejemplo integrarme y presentarme como parte del equipo de dirección en reuniones con inversores, con la administración o con algún potencial cliente de cierta envergadura. En realidad no sé decir si este nivel de integración es la causa de la confidencialidad que comentaba o es la consecuencia, dado que la hemos adoptado sin que nos la pidieran. Digamos que la relación de trabajo empieza por algo concreto que nos demandan, pero es bastante habitual que surjan nuevas necesidades que nos lleva a esa implicación temporal por un período medio de unos dos años. Por supuesto hay actuaciones más puntuales y alguna, las menos, que se prolongan algo más.

      Entre mis clientes ha habido de todo, como nos sucede a todos, supongo. Recuerdo especialmente un post tuyo que me hubiera venido bien leer unos años antes, igual me hubiera ahorrado alguna experiencia poco agradable. Aunque, bueno, eso es el aprender haciendo…

      Con lo de la confidencialidad me refería, efectivamente, al tipo de datos a los que tengo acceso o que he de manejar. Por poner un ejemplo, los relativos al proceso de diseño de una nueva máquina para la fabricación de encimeras de baño en un material especial y en una sola pieza. Mi trabajo tiene mucho de salón, pero también de ponerme botas y casco para entender. Y reconozco que me gusta lo de “meterme en el barro”, soy de martillo y cincel.

      Por otra parte, las brutales transformaciones que estamos viviendo a todos los niveles exigen, más que nunca, ampliar el foco para intentar ser generadores de contextos. Quizá hemos sido tan personalistas (me refiero a las organizaciones) que necesitamos comprender que no se puede jugar al margen de la sociedad. Pero esta debe ser tendencia a la visión social que a veces se me pega a las palabras, ya sabes. De alguna manera no dejo de pensar en lo que planteabas tú hace poco sobre quienes trabajamos en consultoría: ¿estamos sabiendo avanzar o nos refugiamos en lo de siempre? Me gusta ser autocrítica.

      Hay matices que no había contemplado. Gracias Manel. 🙂

  2. Goio Borge 19 diciembre, 2011 at 22:42 #

    ¿La supervivencia como proyecto contaría? Bueno, lo mismo debería ser el concepto más asociado al de proyecto, porque si no es para sobrevivir (ahora o a largo plazo), no se emprenderían…

    • Isabel 19 diciembre, 2011 at 23:09 #

      Goio, agudo, como siempre 😉

      Por supuesto que cuenta, lo que ocurre es que la necesidad de supervivencia es ahora tan generalizada que ya no sirve pensar en una sola organización, esto es una cadena. Así que, como no estamos solos, pensemos en supervivencia a medio y largo plazo. Espero que lo tengan presente los que dirigen desde las alturas, y no me refiero sólo a las organizaciones. Contener el gasto no es lo mismo que recortar (dichosos datos) y si eso no va acompañado por apuestas de futuro… No hay que olvidar que el coste de un proyecto no es lo que se gasta en su puesta en marcha sino lo que se perderá o dejará de ganar en un futuro más o menos inmediato.

      Igual es que todos, organizaciones, gobiernos y sociedad, habíamos dejado de hacer los deberes.

      Excelente dardo. Muchas gracias. 🙂

  3. Julen Iturbe-Ormaetxe 20 diciembre, 2011 at 6:27 #

    Quizá «el proyecto» no nos sirve porque «cada» proyecto puede tener su especificidad. Desde proyectos «en común» hasta otros donde no alcanzas a entender la dinámica que ha surgido… para la bueno y para lo malo.
    Eso sí, la reflexión sobre «proyecto» me parece de las más interesantes para nuestra actividad profesional.

    • Isabel 20 diciembre, 2011 at 12:41 #

      Es cierto Julen, cada proyecto tiene su especifidad y sería bueno que estas contemplaran también el cambio en la estructura social que se está produciendo y que, aunque de una manera un tanto abrupta, va emergiendo por muchas rendijas. Creo que somos muchos los que entendemos que las personas deben de estar en el centro de todo.

      Como había comentado en tu blog (uno de esos comentarios a destiempo que tengo a veces) cuando descubrí los conceptos que se manejan en la declaración de consultoría artesana me sentí identificada y respaldada. Es agradable sentir cercanía desde la distancia 🙂

      Un abrazo!

  4. Daniel 20 diciembre, 2011 at 20:10 #

    Me encanta lo de «la foto de familia». Planteas un panorama en el que pensar en el regreso del modelo pre-crisis (ay, un guión ;P) es de ilusos, o ciegos. Y me parece correcto: lo que encuentro más difícil es hacer ver la importancia de lo social a «los de arriba». Pero si esta situación nos lleva a un aumento del colaboracionismo (y en cierto modo, a mí me gusta interpretar de este modo las señales), bienvenida sea. Soplan vientos de cambio (un poco místico, pero ya me entiendes).
    Un abrazo
    PD: Ando un poco ausente (en cuanto a virtualidad) pero sigo leyendote…

    • Isabel 21 diciembre, 2011 at 1:19 #

      Justo, Daniel, a eso me refería con la foto de familia. Y tiene relación con la pregunta del título porque tanto protagonismo individualista nos tiene bastante descalabrados. A los de «arriba» como sigan así les vamos a quedar todos tan abajo que igual hasta se cuelan por las grietas 😉

      ¿Místico? ¡Que va! Visionario #esoespero Un abrazo!

      PD: Espero que estés siendo una «buena ausencia» 🙂

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