Una carta… ¿A quién?

Nada que decir, mucho que pensar

Fue en 2004 y me lo encontré por casualidad: Un concurso de cartas sobre la violencia de género bajo el lema «Dillo a quen maltrata» [díselo a quién maltrata].

No me gusta el tema (a nadie, supongo) pero mucho menos la forma en que (no) se aborda con estos vendavales de opinión ad hoc que se limitan a cifras, esloganes y titulares.

Hay plurales que deberían estar descatalogados porque su ambigüedad permite escudarnos en la incapacidad para actuar, y eso lleva  a la frustración: enfermedad-es, mal-es, mujer-es… La masificación cosifica, reduciendo la realidad a un conjunto de síntomas aislados que no permiten llegar a las raíces ni comprender sus ramificaciones.

Domesticar nuestro demonio interior implica cultura y voluntad porque el  cerebro humano ha conservado los circuitos que soportan la rabia y el predominio en los mamíferos:

Contrariamente a la noción popular de que las neuronas espejo hacen a los primates reflexivamente empáticos, la empatía es una emoción voluble. Se dispara con un niño monísimo, con la belleza, el parentesco, la amistad, la semejanza y la solidaridad. Y fácilmente se suspende o se convierte en lo contrario, la schadenfreude (placer por la desgracia ajena), con la competición o la venganza

De nuevo 25 de noviembre, en el que la ambiguedad del plural mujeres ocupa espacios en negativo. Recupero la carta que, en un impulso, redacté para aquel concurso y de la que ya no supe más hasta que un año después me llegó en forma de publicación que agrupaba a las veinte seleccionadas por el jurado. Sigo sin comprenderlo porque el enfoque no tiene absolutamente nada que ver con el resto… que viene siendo el habitual.

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14 Responses to Una carta… ¿A quién?

  1. Daniel 25 noviembre, 2011 at 12:41 #

    Precisamente si la eligieron fue por el diferente enfoque, quiero creer (qué haríamos sin tus distintas miradas). Me ha gustado mucho, el final de los cuentos de hadas es genial. Casi diría que no es tan importante la historia como la idea, puesto que la historia nace de una premisa (la violencia de género) de la que todos tenemos una idea en la cabeza, pero tu manera de sugerir, de insinuar, es genial. Además, la primera persona otorga verosimilitud y la narradora-personaje está muy bien dibujada y construida. Mucha fuerza, eso he sentido. Y tu mano detrás, claro. Me gustaría ser un poco más técnico, pero esta vez me he dejado llevar (tengo encima mucha corrección en estos momentos)
    Un abrazo!

    • Isabel 25 noviembre, 2011 at 14:59 #

      Daniel, si la escribiera ahora no sería muy diferente, aunque desde luego le metería correcciones de estilo 😉
      La recuperé no hace mucho, a raíz de una conversación con un amigo y me di cuenta lo poco que hemos avanzado. Lo cierto que tengo mucha manía a los días «D» y que los enfoques habituales en los temas de «genero» me espantan.

      Dudé si ponerla aquí, pero la verdad es que al final el blog es un montón de pedacitos de mi misma, sobre todo en los últimos meses que ha cobrado tanta vida con las conversaciones. Tampoco pienso darle difusión (sólo para los amigos).

      Un abrazo fuerte!

  2. Juana 25 noviembre, 2011 at 18:20 #

    No he podido resistir la tentación de poner este trozo de un artículo
    de Isabella Di Carlo, que es una de mis psicólogas favoritas:

    «La visión debe sanarse pero no sólo en los maltratadotes, sino con
    el mismo énfasis, en las mujeres maltratadas. Hay una dinámica
    psicológica enfermiza en toda mujer que no se aleje de forma tajante,
    inmediata y definitiva de un hombre ante el primer atisbo de
    violencia. Es así de simple, la segunda vez jamás debe llegar. Las
    bolas de nieve se detienen bien cuando acaban de empezar a rodar.

    Las mujeres debemos saber que lo femenino es sagrado. Somos las
    portadoras de la vida. Somos la suavidad de las caricias, la dulzura
    del abrazo, el regazo de la paz. Somos la profundidad, el misterio,
    el poema; somos la belleza, la fecundidad y el descanso. Un hombre
    que no lo vea, no es un hombre.

    Si esta cultura no conquista para todos la comprensión cabal de la
    trascendencia de devolver lo femenino a su verdadero lugar, no
    sobrevivirá»

    • Isabel 25 noviembre, 2011 at 22:56 #

      ¡Bienvenidas las tentaciones! Antes de responder he mirado si había limitación al espacio para el comentario y no la he visto, así que como creo que el hecho de ser tres corresponde a tres momentos yo también lo respeto.

      Ya sólo la primera frase del artículo de Isabella lo dice todo. Si no se rompe esa dinámica enfermiza no hay nada que hacer porque siempre habrá nuevos maltratadores que encontrar (o maltratadoras, como dejas traslucir en el siguiente comentario).

  3. Juana 25 noviembre, 2011 at 18:27 #

    Tengo un especial interés en la violencia humana, he leido todo lo que ha caido en mis manos desde que era adolescente. Aprendemos en casa, en la familia, los «patrones de comportamiento» personales, que siempre, siempre …. vienen de la familia, hay que conocerlos muy bien para luego poderlos transformar si es menester …. no es diferente la violencia contra las mujeres que contra los hombre o, contra los niños….

    He discutido hasta la desesperación con la gente que «defiende» pegar a los crios (valiente cobardía) ¿qué les enseñas? …. que se puede pegar a los débiles …. es un síntoma, pero solo uno de una inmensidad de ellos.

    • Isabel 25 noviembre, 2011 at 23:04 #

      Completamente de acuerdo en todo: el tema es la violencia en sus diferentes manifestaciones y el aprendizaje empieza en el entorno inmediato.
      Y especialmente de acuerdo en que nos centramos en los síntomas. Vivimos rodeados de violencia, que no siempre significa golpes. La cuestión es ser conscientes que hay que trabajarlo desde uno mismo, no llega con campañas generalistas y celebraciones ad hoc. Los altavoces sólo producen más ruido y acaban por ensordecer.

      Creo que ya sé a quien pedir referencias sobre este tema.

  4. Juana 25 noviembre, 2011 at 18:28 #

    Mi marido siempre dice que todo empieza con una mirada …. ahí es cuando tienen que saltar las alarmas, todas las alarmas ….

    • Isabel 25 noviembre, 2011 at 23:07 #

      Una mirada te congela, sobre todo si hay sentimientos por el medio. Tiene mucha razón tu marido. Tal vez habría que trabajar sobre el reconocimiento de lo que produce esa mirada y las alertas que hay que poner.

      Muchas gracias por tu opinión Juana. La verdad es que publiqué el post con muchas dudas porque es un tema muy conflictivo y que toca muchas sensibilidades.

      Un abrazo! 🙂

  5. sylvia 26 noviembre, 2011 at 12:04 #

    Me ha encantado el relato (!)
    Nuestra sociedad tiende a la no-empatía. Ahora proliferan cursos para recuperarla, para darnos manuales sobre algo que debería resultarnos tan natural como respirar. La cultura, en este momento de la película, no ha logrado aún ni mejorar un ápice en este tema. Lamentable, desde luego, pero espero que no irresoluble…

    • Isabel 26 noviembre, 2011 at 13:24 #

      Es lo tu dices Sylvia, nos hemos acostumbrado a confundir lo natural con lo normal. Y lo peor es que yo creo que nadie se puede sentir bien con esa piel pero cuesta dar marcha atrás y mirarnos dentro para reaprender a respirar. Seguro que no es irresoluble, se nos están cayendo tantas cosas que, aunque de forma dolorosa, cuestionaremos mucho más de lo que lo hemos hecho

      Muchas gracias! 🙂

  6. Goio Borge 26 noviembre, 2011 at 19:50 #

    coincido con lo que dice Daniel del buen texto de la carta, pero, cómo diría, la veo escrita muy con la cabeza, bastante con el corazón, pero menos con las tripas. Pero, curiosamente, me pregunto si a pesar de que la visión en efecto no sea la habitual de estas cosas y se note tu mano racional y visión amplia, eso no la empareja con la reacción verdadera de muchas mujeres ante su pareja acosadora, que desde luego no desean que nadie ajeno les recuerde, y menos públicamente, que son la cara B de cenicienta y caperucita.

    • Isabel 27 noviembre, 2011 at 10:04 #

      Goio, recuerdo el impulso que me llevó a escribir el relato en su momento y se debía a varias cosas. La primera es que no comprendo como se le puede plantear a una persona que escriba una carta a quien la maltrata, intenté ponerme en el caso y me resultó absurdo, ¿una carta a quien usa la fuerza? Recuerda que en 2004 no se había legislado lo del los juicios rápidos (¿?) así que pasaba un tiempo antes de llegar al juez(a). Y se supone que las personas también reflexionamos ¿no?

      Por otro lado la violencia en las relaciones no es exclusiva de los niveles sociales y económicos bajos, y lo que nos suelen mostrar en los medios es exceso de corazón y tripas y poca racionalidad que es lo que hay que aprender a usar, pero hacia dentro. Y cabe esperar que personas con preparación puedan hacerlo. Yo lo llamo asumir tu parte de responsabilidad en lo que te sucede (eso sí que reconozco que es marca de la casa)
      No podemos cambiar a los demás, sólo a nosotros mismos.

      Por otro lado, el abuso de datos y casos que reflejan lo que está mal es frustrante, me quedo con esa regla básica de la lógica que dice que “un caso negativo nada prueba, uno positivo sí”. Creer que no se necesita educación sentimental es absurdo. Por lo visto andaba por ahí un estudio esta semana que decía que una altísima proporción de jóvenes siguen creyendo que sus parejas femeninas deben complacerlos. Lo que comenta Juana es cierto, hay que aprender a detectar las alarmas con la primera mirada. No hay soluciones globales a estos temas pero sí problemas de fondo que nos salpican a todos. Este se llama “violencia”.

      Y, ¿de verdad se me ve tan racional? Pura contradicción diría yo. Muxurik 🙂

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