Las ciudades que nos habitan

Amaneciendo con distintos ritmos

Acostumbrados a encorsetarnos en rutinas, se nos van oxidando las vivencias en la estrechez de los espacios. Callejear suena ya tan arcaico como las verjas donde los enamorados intercambiaban complicidades.

A quienes vivimos en ciudades pequeñas, no deja de sorprendernos que esa reducción al concepto de barrio no sólo se mantenga sino que se agudice cuando el recuento de habitantes supera las seis cifras. Sin embargo, ocurre en todas partes porque nos movemos sobre cuatro ruedas, públicas o privadas, o sobre raíles. Caminar va quedando relegado a los centros comerciales y a las «rutas del colesterol» donde intentamos combatir nuestros civilizados problemas.

Tal vez por eso estoy disfrutando tanto las dos ruedas, porque la necesidad de investigar nuevos tiempos y horarios me ayuda a (re)educar la mirada. Porque no hay una ciudad sino muchas, las que no conocía y las que no recordaba. Y no todas me gustan, pero algunas si me apetece dejar que me habiten.

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15 Responses to Las ciudades que nos habitan

  1. Manel 2 octubre, 2011 at 21:14 #

    Me has hecho reflexionar en mi ciudad, Barcelona, que me encanta. No tanto por la ciudad que realmente es ahora…[un poco ajadilla y maltratada] sino por aquella que pienso cuando la transito aquella que muestra los pliegues de su historia, la mía.

    Me encanta el post y el título me sirve para identificar a esa Barcelona como la ciudad que me habita siempre, ahí donde esté…

    La bicicleta ayuda a acompasarse con el tempo vital…nos felicito a tod@s por tus paseos. Un abrazo!

    • Isabel 2 octubre, 2011 at 21:43 #

      Esas ciudades que nos habitan son las que deberíamos hermanar porque en ellas están los sueños y los sentimientos y, en eso, no somos tan diferentes. A veces buscamos tesoros fuera y los tenemos tan cerca…

      En realidad creo que simplemente necesitaba anotar la sensación de paz de esta mañana.

      Gracias Manel por tu guiño en este post #superchiquitido 🙂

  2. Daniel 3 octubre, 2011 at 12:47 #

    Desde luego, sí que trasmites paz. A mí, por lo menos. Qué bonito post, Isabel (y eso que odio la palabra «bonito»). Me he acordado de el mapa que Boges describía, un mapa que se superpone al terreno, punto por punto, a escala real. Esa es la ciudad imaginada, supongo. Bonito post, bonito… un bonito abrazo.

    • Isabel 3 octubre, 2011 at 14:28 #

      Gracias Daniel. No sabes cómo valoro que me digas que conseguí transmitir algo de esa paz porque quiere decir que estoy consiguiendo recuperarla. Demasiada agitación exógena había conseguido alterar mi estado natural que tiende al equilibrio interior. Y conste que no tiene que ver con la hiper actividad que parece que tiendo a generar, en mí y en lo que me rodea.

      Y, por cierto, tu transmites paz y armonía, y no sólo escribiendo… Tengo ganas de poder retomar tu libro (tan deliciosamente dedicado). Pero de eso te enterarás porque habrá que contarlo, vaya que sí 😉

  3. Juana 3 octubre, 2011 at 21:05 #

    Hubo una época de mi vida que me peleaba con Madrid, quería salir de aquí …. ahora adoro esta ciudad.
    Mi trabajo está cerca del parque de «El Retiro», lo atravieso con bastante frecuencia, me gustan los olores y los colores, me gusta cuando llueve …. saborear la ciudad que «te habita», bonita expresión….

  4. Isabel 4 octubre, 2011 at 7:33 #

    Juana, creo que estuve muy cerquita de tu trabajo los días que pasé en Madrid. Pero que muy cerquita. De hecho el viernes por la tarde me metí a pasear por el Retiro, aunque bueno, yo diría que me di una buena y larga caminata. Seguro que alguna de las fotos que hice irá apareciendo por aquí.

    Me identifico con lo que dices, supongo que yo ahora estoy dejando de pelearme también con mi ciudad 🙂

    Un abrazo!

  5. Fernando 4 octubre, 2011 at 21:31 #

    Pues a ver si te fijas cuando te saludan que van dos veces. Igual es que ya no te acuerdas o no me reconoces, pues tú estás como siempre y muy en forma. No se me había ocurrido antes buscarte en internet pero seguiré saludando, a ver si haces memoria

    • Isabel 4 octubre, 2011 at 22:23 #

      Fernando, me dejas en un mar de dudas…
      De momento ando probando con distintos horarios así que no sé en cual de ellos «he dejado de saludarte». Y tampoco sé si tú también ibas sobre dos ruedas, o sobre cuatro, o caminando…
      Y, ya puestos, ¿cómo cuanto tengo que retroceder en la memoria? ¿de verdad te llamas Fernando?

      Pistas, ¡por favor! Ah, y gracias por el piropo! 😉

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