Entre el asfalto… [casi real]

 

Aún no llevaba un día en su vida y ya creando problemas. En el garaje sobraba sitio pero después de la (mala) experiencia de hace unos meses, no se iban a arriesgar, la visibilidad de la primera línea tenía sus inconvenientes…

Pero las plegables no le gustaban, no le gustaba el verbo plegar, su tránsito era más salvaje. Lo suyo no era pasear las ciudades sino vivirlas, transformarlas. Una competición solitaria y solidaria con retos y tiempo propios en el que probar-se que todo era posible.

Septiembre regresaba con sus rutinas recuperando espacios y silencios, pronto podría disfrutar sus trayectos acompañando al mar que recuperaba su voz ronca de bestia en reposo. Ya no necesitaba coger el coche para escapar, en realidad no quería escapar sino cambiar el ritmo cuando ideas y sentimientos se aliaban dejándola fuera.

Había sido más fácil de lo esperado, le gustaban los retos y el cuerpo disfrutaba cómplice mientras se deslizaba sobre recuerdos y ausencias. Un tiempo para aspirar la noche y el día e ir dejando en el camino, al fin, los minutos no vividos.  Todo parecía tan sencillo ahora…

Faltaba poco. Hoy se la llevaría en coche para estrenarla haciendo el mismo recorrido de su aprendizaje. Las otras no contaban, esta era suya, la primera, la que en adelante le permitiría salvar la distancia entre su calle y el mar disfrutando el viento de otoño, el canto de lluvia,  el aroma de sal… Por fin el silencio amigo.

15 Responses to Entre el asfalto… [casi real]

  1. Manel 4 septiembre, 2011 at 13:01 #

    Después de subir y bajar montañas, de disfrutar del silencio de bosques y valles tan sólo roto por el sonido discreto y granulado de la cadena, de recuperar el sabor de la conversación limpia y de la motivación mutua con compañeros de ejercicio [algo que me sentaba muy bien…] me la robaron de mi garaje en Barcelona…un vacío en el que todavía resuenan los ecos de aquella autenticidad… Enhorabuena, un profesor de música me decía que era importante ir en bici para entender el verdadero tempo del andante …sereno, no lento…firme…

    • Isabel 4 septiembre, 2011 at 19:45 #

      ¿Y aún no le has puesto remedio? ¿Cómo puedes estar sin ella?
      Yo creo que las bicicletas no son para el verano, son para el Vida…

      Era una de mis asignaturas pendientes. Empiezo a disfrutar del silencio que describes, y espero mejorar pronto mi técnica para entender el verdadero tempo del andante… sereno y firme.

      Tengo que reconocer que este «casi real» era bastante real, por eso lo dejaba un poco escondido, pero me has pillado 🙂

      Gracias por tus palabras Manel.

  2. Francesca 4 septiembre, 2011 at 13:27 #

    Hay actividades que permiten que la luz nos inunde, limpiando así la mente… es una asociación extraña (o no tanto, no sé), pero al leerte he recordado mis años de ceramista aficionada. Me preguntaban qué hacía y yo contestaba «despreocuparme». Y es que mientras las manos trabajaban la arcilla, mi mente volaba a sitios calmos. Leyéndote me ha parecido que andar en bicicleta debe ser algo parecido. Las piernas te conducen a un sitio y dejan que la mente viaje a otros… o no… tal vez solo se siente, a descansar.
    Bonito post Isabel y agradable visita. Te está quedando bonito este rincón. Un abrazo.

    • Isabel 4 septiembre, 2011 at 19:53 #

      Esta es una de las cosas que han alterado mis rutinas. Hoy soy la última en incorporarme a las tertulias de blogs.

      Es perfecta tu descripción… «despreocuparme». Y no sólo porque la mente se libere sino que cuerpo y mente se unen en una armonía que ya casi no sabemos conseguir en medio de tanto estrés. El cuerpo y la mente trabajando en serena coordinación, absorbiendo luz, generando luz…

      Muchas gracias Francesca. Me paso ahora por tu saloncito, ¿aún queda té? 🙂

  3. Juana 4 septiembre, 2011 at 13:37 #

    La bici da una sensación de libertad curiosa ….
    Hace algunos años, me empeñé, a pesar de las nubes negras que teniamos encima, en hacer un trayecto en bicicleta, se puso a llover con furia, jamás he disfrutado tanto ….. el agua me caló hasta los huesos, pero la sensación era ¡estoy viva!¡guauuuu! ….

    • Isabel 4 septiembre, 2011 at 20:00 #

      Juana, andar en bici mientras llueve es ¡delicioso! Ya lo he probado. Todo se quedó desierto de repente, con ese silencio armonioso de las gotas contra el suelo y ese olor tan peculiar de la lluvia sobre el asfalto recalentado de agosto que se mezclaba con el del mar…

      Y encima los charcos, que me recordaron cuando jugaba con mi hijo a ir pisándolos (con botas de agua, claro) y nos reíamos.

      Me pasó lo mismo que a ti, me sentí tremendamente viva 🙂

      Muchas gracias Juana. Un abrazo!

  4. Tamara 4 septiembre, 2011 at 22:51 #

    Ahora solamente te falta que te acompañe en una visita a la ciudad olívica. Lo ideal para los tiempos de crisis es meditar….¡¡¡¡cuesta arriba!!!! Ahora en serio, me ha encantado la entrada. Saludos!

    • Isabel 4 septiembre, 2011 at 23:05 #

      Que bien Tamara, ya nos vemos las caras, aunque lo haremos en persona pronto 😉

      Para las cuestas de Vigo aún no sé si estaré preparada, pero con esa ría maravillosa que tenéis…

      Gracias guapa. Un abrazo!

  5. Daniel 5 septiembre, 2011 at 11:10 #

    Todo el relato tiene un tono onírico a pesar de que trata de un tema mundano (una ruta ciclista), se ve cierta aspiración poética, tal vez demasiados conceptos abstractos: verbo, solidaria, tiempos, ausencias, retos (que se repite). La primera frase la pondría al final del primer párrafo, prueba a ver que tal te suena. Digamos (siempre humilde punto de vista) que el relato no sabe si decantarse más a la prosa o a la poesía. En mi opinión, el último párrafo es el mejor, está muy bien equilibrado, ese es el modelo por el que deberían regirse los párrafos anteriores. Y… yo hace tantos años que no cojo una bici… en mi favor, soy un gran usuario del transporte público. Sigue así. Un abrazo!

    • Isabel 5 septiembre, 2011 at 11:35 #

      Cierto Daniel, el cambio de la primera frase para el final del párrafo queda perfecto…

      La verdad es que, como le decía a Manel, este «casi real» era muy real, y lo escribí mientras hacía tiempo para bajar, así que seguramente tiene exceso de ansiedad ilusionada. De hecho ni lo compartí en las redes, era como un desahogo personal, la necesidad de decirlo en alto. No sé yo si voy a tener que abrir otro blog para estos desvaríos 🙂

      Supongo que en el último párrafo las palabras ya estaban equilibrando mis dos lados del cerebro, igual por eso mejora 🙂

      Muchas gracias! Un abrazo!

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  1. Entre el asfalto… [casi real] | IG - 4 septiembre, 2011

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  2. Las ciudades que nos habitan | EnPalabras - 2 octubre, 2011

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    […] que la bici ha sido para mí un descubrimiento por eso me quedo también con esta selección de citas que aporta […]

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