Filés: Democracia económica en el siglo de las redes

«Rutas y trayectos en el tiempo que van dejando el poso de un saber consensuado y abierto»

Admiro la capacidad de David de Ugarte para rescatar y poner en valor aquellos ejemplos que la normalidad histórica fue relegando al rincón de la erudición.

No suele ser mi estilo, más en la línea de cuestionar supuestos para destapar el conflicto, pero debería aplicarlo en desarrollar un tema que me ocupa más de lo que me gusta reconocer.

Se lee fácil, pero no es un libro sencillo, aunque reconozco que los meses de lectura por su entramado  Web, y las constantes consultas a la indianopedia, además de una deliciosa tarde en su compañía probando la cerveza indiana, me han facilitado la tarea. Aún así, necesito recopilar notas y subrayados para ordenar mi reflexión.

En su habilidad para dibujar contextos y generar conversaciones, el antecedente histórico juega siempre un papel fundamental para entender lo que ha ocurrido, lo que ocurre y lo que ocurrirá.

Las enredaderas que vienen pidiendo paso a las jerarquías, bien pueden tener sus primeros nodos en los antecedentes que discurren por las páginas de su libro. O no, porque como dice Julen Iturbe en el prólogo, las conversaciones son un arma poderosa con capacidad para generar grandes e impredecibles resultados, lo que genera a la vez miedo y esperanza. Lo cierto es que «las jerarquías ya no son percibidas como necesarias».

La diversidad nos hace complejos al enfrentarnos al espejo de nuestros entornos y son los jardineros de contextos quienes hacen que se solapen o rompan en la danza orgánica de la gran digestión social de la información.

Mirando atrás, el sueño de la producción cooperativa  caló en todos los movimientos políticos de la época de las transiciones democráticas, pero su propio éxito, el crecimiento, se convirtió en una amenaza. Sin embargo, esto cambia en la actual sociedad en red ya que los incentivos que generan valor son los que alimentan la interacción y el reconocimiento comunitario.

Ahora es moda decir que lo más importante de las empresas son las personas. Un barniz políticamente correcto y anticuado que nadie se cree porque “cuando una tendencia se convierte en eslogan, las palabras empiezan a dar nombre a deseos y, por lo general, a maquillar más que describir”.

Y sin embargo, esto es lo que aborda también este libro, sólo que explica y desarrolla el porqué y el cómo. No habla de humanizar la empresa sino de que “la empresa ha de ser valiosa para la vida de los que trabajan, conviven y comercian CON ella”

El concepto de comunidad es transnacional, que no internacional. No somos iguales porque participemos sino que participamos porque somos iguales. No hay gente, hay personas, con identidades que se construyen y se desarrollan. La democracia económica NO es consenso para todo SINO conversación para todo. La deliberación es posible desde la lógica de la abundancia y la plurarquía. Obviamente, las comunidades conversacionales marcaron un antes y un después, pero el demos llega a través del metabolismo económico cotidiano. Los denostados viejos gremios, nos enseñaron muchas cosas.

Sin embargo no es sencillo definir los límites de la comunidad, donde no siempre coincide el entorno de decisión del de deliberación, que puede, y suele, ser más amplio. Porque es en este entorno de deliberación, basado en la abundancia, donde suele surgir la innovación que puede empezar como un juego o experimento, y se convierte en un producto rentable “si la comunidad está acostumbrada a digerir la innovación como parte de su metabolismo”.

La red ha impulsado y acelerado el mestizaje de identidades y conversaciones pero la construcción de comunidades identitarias implica necesariamente ese metabolismo económico propio. Pero ésta es la tendencia, si no mayoritaria sí relevante, porque veinte años de experiencia en Internet está consiguiendo que la enredadera conversacional se vaya convirtiendo en enredadera comercial.

Los mercados de antaño han dado paso a los congresos, encuentros y conferencias actuales. Los neovenecianos se convierten en jardineros de una enredadera valiosa en función de su diversidad, que no tiene fronteras ni límites pero sí el reto de superar la amenaza del crecimiento a través de la fortaleza de sus nodos, de los que a sú vez pueden surgir nuevos brotes. Porque como dice David “La enredadera no es más fuerte si alguna de sus hojas padecen gigantismo, sino si brotan nuevas ramas con fuerza enlazándose con las anteriores».

Con un mapa lleno de ficticias líneas políticas y forzados corsés comerciales, la filé se proyecta como “una serie de alianzas, rutas y trayectos en el tiempo que van dejando el poso de un saber consensuado y abierto”. La construcción de comunidades ha sido, es y será el único contexto capaz de resistir crisis y turbulencias políticas y económicas.

Como dice Alfonso Dubois en el epílogo: «Ahora se necesitan personas, ya que las tareas más rutinarias las cumplen mejor las máquinas”.

¿Conclusiones?

No es fácil tenerlas. Hace un año estaba inmersa en el ambito de la representación del asociacionismo empresarial. Un mundo complejo y sin duda ineficaz para las reladiad que manda. Un mundo que ni se plantea ni entiende  los conceptos de descomposición y devolución, pero también sigo pensando que hay que impulsar cambios sociales. Por eso necesitaba recopilar mis notas. Para volver a ellas mientras las ideas se van recolocando.

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