Reverberación institucional

 

… y lecciones NO aprendidas

 

 

 

 

 

Los objetivos del FMI eran muy claros en 1945, cuando se creo:

Su propósito declarado es evitar las crisis en los sistemas monetarios, alentando a los países a adoptar medidas de política económica; como su nombre indica, la institución es también un fondo al que los países miembros que necesiten financiamiento temporal pueden recurrir para superar los problemas de balanza de pagos. Otro objetivo es promover la cooperación internacional en temas monetarios internacionales y facilitar el movimiento del comercio a través de la capacidad productiva.

Ahora, 65 años después, su director gerente nos alerta del riesgo de una «generación perdida» por la crisis con palabras como estas:

  • Añadió que el mundo afronta «un futuro muy incierto» y que la recuperación en marcha es «frágil porque es desigual»
  • Apuntó que uno de los principales riesgos es la posibilidad de que esta sea una «recuperación sin trabajos»
  • Alertó, a continuación de la amenaza planteada por los elevados niveles de deuda pública
  • Mencionó, por otro lado, que es preciso finalizar el proceso de reformas en el sector financiero
  • Recordó que el tener «mejores reglas» no sirve para nada ni no existe supervisión e implementación
  • Afirmó, al mismo tiempo, que el mundo fue capaz de escapar a una Gran Depresión por el espíritu de cooperación que imperó durante los peores momentos de la crisis (¿?)
  • Insistió que es imprescindible buscar nuevas fuentes de crecimiento
  • Recordó, para finalizar, que es preciso un reequilibrio global que lleve a los países deficitarios a ahorrar más y a los que tienen superávit a estimular la demanda interna

Pura debilidad retórica que demuestra la falta de utilidad de gran parte de las instituciones. Simples amplificadores  de obviedad-es. Ni siquiera discurso propio, solo repeticiones, y ya sabemos lo que eso supone.

Por cierto, yo no le llamaría «instinto de cooperación » a lo que hubo sino de «supervivencia, no más. ¿Cómo vamos a saber qué hacer si ni siquiera somos capaces de soltar el lastre institucional que tan caro nos resulta?

Estadísticas para pensar

El asunto no tiene nada de ingenuo porque así se crea y fabrica la opinión pública (y II) en la que, inexplicablemente, la «clase política» no figura en primer lugar. Tal vez sería distinto si los llamásemos como tiene que ser, es decir «representantes políticos» o «(i)responsables políticos».

Agradezco a Albert la sugerencia de lectura porque lo habitual es que se use la base estadística como relleno en vez de lo que debería ser, reflexión elaborada.

Entre las opiniones que recoge, Fernando Vallespín «llama la atención sobre los diferentes diagnósticos de la realidad que reflejan las dos modalidades de identificación de los problemas en la encuesta del CIS» y que «las preocupaciones colectivas no responden necesariamente a la jerarquía objetiva de los problemas».

Cita, como ejemplo, que España tomó conciencia de la pérdida de su imperio en 1898 tras abandonar Cuba, Puerto Rico y Filipinas, en lugar de hacerlo cuando más de medio siglo antes se había retirado de territorios como Argentina, México o Perú.

Buena reflexión, aunque lógicamente no resuelve el misterio de por qué para la ciudadanía «la percepción de las preocupaciones y su intensidad no siempre se corresponden con la magnitud real de los problemas«. Pero viendo lo que hace nuestras instituciones y representantes, ¿qué se puede esperar?

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