Desenfocando…

… de lo que se ve

En general, he de soportarme entre una grave incapacidad para ubicarme en las “historias pequeñas, aunque son las que me llaman la atención. Aventurera y soñadora por defecto, prosaica y realista por imposición, lo cierto es que una neblina existencial parece desconectar mi sistema operativo de las metas a corto plazo.

Por momentos, mi antiguo miedo a ser una “rebelde sin causa” se me antoja transformado en una fastidiosa incapacidad para definir «mi causa», o para sumarme al cien por cien a una de las muchas que merecen la pena. Pero según escribo encuentro ya el argumento contrario porque, lo que de verdad creo, es que la mayor parte de las causas son tan sólo “efectos indeseables” del problema de fondo que casi nunca se enfoca.

Claro, me digo entonces, pero… ¿es que piensas que eres tú la única clarividente? ¿No será que te planteas problemas tan grandes que entonces el no hacer nada se justifica por sí mismo?

Las “historias pequeñas” son mi alimento, mi punto de partida, mi impulso. Escribo en movimiento mientras afronto lo previsto y lo cotidiano por lo que siempre tengo, o encuentro, un montón de urgencias que argumentan infinitos aplazamientos de aquello que algún día haré. Y supongo que no me lo tomo en serio, o que, en realidad, no me tomo en serio a mi misma.

Se me ha ocurrido también novelar el proceso. Una especie de investigación personal con una incertidumbre global: ¿Seré representativa de algo?

Los personajes de mi vida, como supongo que le ocurre a todo el mundo, han ido cambiando quizá en la medida que necesitaba “saber”. Experta en retos y situaciones complicadas, me pregunto si llegaré a averiguar por qué me he pasado tantos años soportando tinieblas y vulgaridades mientras mi otra yo vivía su existencia paralela entre planteamientos posibles e imposibles que, de vez en cuando, se imponían a mi pragmatismo para ayudarme a romper la aplastante normalidad.

¿Será tal vez una historia de naufragios sucesivos  y necesarios para descubrir nuevos puertos? ¿Me seguiré atreviendo a naufragar? Espero que sí. Mucho mejor que el discurrir de una dudosa felicidad, demasiado dócil y suficientemente alegre para confundir. Disciplinada sí, pero no tanto.

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