Miedo, ego y empatía

¿Nueva net-etiqueta?

Se preguntaba Andrés, a raíz de asistir a una charla sobre la defensa legal de la reputación profesional y corporativa  si los DIRCOM (Directores de Comunicación) deberían llamarse DINCOM (Directores de Incomunicación), teniendo en cuenta la escasa participación de los directivos en los medios y en la Red.

Resulta que, como quienes de verdad mandan piensan que es “mejor tenerlos ocultos, no vayan a cagarla con su ego” pues “todo el mundo quietecito, no vaya a ser. Y claro, Andrés, como siempre, no se corta:

Empiezo a estar convencido de que en este país el miedo lo paraliza todo. Nadie quiere innovar, dar la cara o sacar los pies del tiesto por temor al “que dirán”. Y los DIRCOM son los amos del calabozo comunicacional. En realidad no gestionan marcas, más bien cruzan los dedos para que no pase nada. Su actitud es defensiva y reactiva.

Salí del evento con la convicción de que los expertos en comunicación creen que el marketing consiste en hablar bien de uno mismo y maquillar cifras, hechos, datos. Esto parece 1984. No parece que gestionen la comunicación, más bien se dedican a guardar las apariencias (y los directivos).

Por otro lado, exponía Mertxe Pasamontes  en La empatía en la web 2.0 una idea muy interesante: Si las señales biológicas son una parte fundamental de la empatía, en las relaciones a través de Internet: ¿cómo podemos sentir la conexión con alguien a quién ni vemos ni oímos?

Aventura un par de hipótesis en torno a una idea clave: que la carga de la empatía se invierte, es decir, recae más en quién recibe que en quién emite el mensaje. Por eso al escribir nos ayudamos (sobrecargamos) con emoticones, signos de puntuación, etc., para influir en cómo queremos que nos lean. Y decía también que la lectura, y su interpretación, es un acto individual sujeto a nuestro propio diálogo interno que depende tanto de nuestros patrones personales como de las circunstancias del momento.

Es cierto que este “brutal cambio en la comunicación” que está dando lugar, por ejemplo en facebook, a muchas quejas públicas de personas que se sienten defraudadas, “acabará obligando a replantearse un nuevo lenguaje empático” que probablemente se traduzca en la aparición de nuevos gurús con sus catálogos sobre cómo escribir mensajes y comentarios. Una vez mas, la reinvención de la rueda.

Porque, digo yo, ¿Cómo se las apañaban nuestros padres o abuelos cuando, hace no tanto, no todo el mundo tenía teléfono y la comunicación a distancia (incluso de pocos kilómetros), era por carta? Había que sentarse ante un papel y organizar lo que queríamos contar y preguntar, en un discurso ordenado y entendible, sabiendo que pasarían días hasta que la otra persona lo recibiera y muchos más hasta que nos llegara su respuesta. ¿Cuántas cosas podían pasar en ese lapsus temporal? ¿Cuántos malos entendidos podía soportar una relación basada en las palabras y en el tiempo de espera?

Tal vez no sea un problema tan nuevo sino que se trata de los elementos de siempre que no hemos parado a recolocar. Acostumbrados a la inmediatez de Internet, tal vez olvidamos que la reflexión sigue siendo una parte fundamental de la comunicación. Y que las palabras son su esencia.

Pero volviendo al principio, el supuesto ego de los DIRCOM no parece ser una base firme para el desarrollo de la empatía necesaria para dirigir a otras personas. Pero la empatía también es necesaria para comunicarte con quienes están por encima en la jerarquía, de hecho es imprescindible. Si esto no se domina en el mundo “real”, ¿Cómo esperar que funcione en el mundo virtual?

De ahí la conclusión que «tanto» gusta a Andrés: Mejor no llamar la atención.

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