La libertad de tu puño acaba donde empieza mi nariz

LaLibertadDeTuPuñoY viceversa

El concepto de libertad parece tener problemas de definición y de conjugación de tiempos verbales: ser/estar, yo/nosotros, nosotros/ellos…

A pesar de lo filosófica que puedo llegar a ser, por suerte una innata tendencia a la acción me redime. Eso, y un cierto afán detectivesco de racionalidad práctica y emocionante que, intuye, husmea, busca información, induce, deduce, y a veces, hasta consigue seducir.

Todos los movimientos sociales responden a una necesidad sentida por mucha gente, pero esta necesidad común resulta estéril si no se cristaliza en alguna forma de organización que unifique energías dispersas.

Las sociedades y sus movimientos son consecuencia de la interacción entre inteligencias individuales y, a la vista está, no siempre con los mismos resultados. ¿Inteligencia social, tal vez? ¿Una amenaza o una esperanza? Sí, es necesario el debate pero para eso hace falta “educar”, sobre todo en estos tiempos de “ponga un debate en su vida” y tertulias de pacotilla en la que todo el mundo vence y nadie convence.

Debatir es necesario, pero no suficiente. Ante todo porque para delimitar posiciones debemos tener claro el marco y qué es lo que se está debatiendo. Pero también porque para que las argumentaciones no se conviertan en falacias se necesitan, con toda probabilidad, menos palabras y más contexto.

Antes de gritar hace falta mucha lectura y mucha reflexión, mucho tiempo y esfuerzo. Algo que habría que exigir a quienes ostentan la responsabilidad de dirigir un país. No se les puede permitir otra cosa. No nos lo podemos permitir.

La complejidad de este tema precisa explicación, conexiones y alternativas. Y para eso son buenos los ejemplos, como el que presenta, David Ugarte con la experiencia editorial de Planta 29 en el vídeo que incluye Gonzalo en su último post. Sería espléndido, tal y como le decía si, además, tuviéramos la comparativa con otra colección de características similares en modalidad propietaria para poder comparar los datos de ventas y los esfuerzos de la editorial en difusión y reconocimiento.

Sin embargo, el debate sobre las necesidades de cambio se mezcla con el de la libertad de expresión, que sin duda es un derecho incuestionable, aunque a veces no guste lo que se oye. Pero, ¿es libertad de expresión el ruido planificado, y estratégicamente dosificado, con el que desde algunos ámbitos se intenta fomentar la “sordera social” en la que no caben razones ni planteamientos?

Entiendo este enconamiento en las posturas entre los derechos adquiridos y la realidad de las nuevas necesidades, pero hay una cuestión de fondo importante que considerar, ya que se están discutiendo derechos individuales (o de colectivos delimitados y hasta ahora favorecidos) contra un bien y una necesidad social. No es comparable.

Las manos, abiertas o cerradas, en los bolsillos. O en los teclados. Menos puños y más neuronas.

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5 Responses to La libertad de tu puño acaba donde empieza mi nariz

  1. Gonzalo Martín 29 abril, 2010 at 0:53 #

    La comparación que dices es compleja. Pero cabe esperar que se gane menos. Sin embargo, déjame que me rebele ante algo: la cuestión no es cuánto dinero se gana, sino si es imprescindible el monopolio para generar ingresos. No si es más o es menos. Ni siquiera si todos ganan porque es imposible que todos ganen. El monopolio tiene sus inconvenientes conocidos y sólo sería admisible que se concediera (asumiendo una sociedad que busca la equidad y que concede la libertad de mercado para que cada uno pueda buscar su prosperidad) si no fuera posible de otra forma generar innovación y creatividad. El modelo de negocio, si lo hay, es posterior. No es, como bien descubriste con la entrada de Stiglitz el dinero la cuestión, sino el conocimiento por sí mismo. Si para producir conocimiento no hace falta monopolio, pues los resultados económicos serán los que sean porque conocimiento habrá. La cría del caracol da un rendimiento y el espárrago da otro. Pero nadie cree que haga falta un monopolio para poder cultivarlos. De eso se trata.

    En el subsconciente, hay una premisa: el negocio del editor. El editor es un intermediario entre el autor y el mercado. ¿Pero qué sucede si su intermediación carece de sentido? La protección de copia sirve para que después de dar un adelanto – siempre pequeño y que no equivale a un sueldo ni a una vida en la inmensa mayoría de los casos -, después de pagar imprenta, papel y furgonetas (algunos dicen que marketing, pero en general poco) no haya otro editor que «fusile» el libro y lo venda también. Vamos a darlo por bueno a priori, aunque hay un caso estelar de dominio público y ventas masivas de libros por varios editores: el informe del 11-s del gobierno de EEUU.

    Volviendo al tema: ahora mismo es virtualmente imposible evitar la copia electrónica y el autor, si quiere, puede crear su propia comunidad y vender él el libro en papel. O electrónico. ¿Merece él la protección? Lo primero que veríamos es que el autor escribiría aunque no la tuviera porque siendo el éxito tan improbable, a lo que aspira es a la difusión, a la reputación. Y de la difiusión surgen las cuasirentas y los nuevos encargos que, potencialmente, sirven para vivir. ¿Potencialmente? Exactamente igual que ahora PERO sin restricciones para reutilizar el material. Es más, si un editor en papel deseara correr el riesgo de competir contra otro que ha llegado primero, se lo pensaría bastante… porque tiene que invertir en el mismo proceso y el anticipo al autor, que seguramente no lo habría, es una parte mínima del coste.

    Adicionalmente, la gente confunde dominio público con falta de ingresos. Ante un autor de éxito un editor listo querría contar con él para la promoción para que su edición fuera la que mejor distribución tuviera,… y le contrararía en exclusiva para firmar sus ejemplares, por ejemplo. Habría creado una escasez porque los fans ante dos ediciones iguales preferirá la sellada por el autor. Y, como ese ejemplo se pueden crear muchísimos: desde pagarle por asistencia a clubs de lectura y otras sesiones de marketing con el mismo dinero que ahora va para eso pero haciendo que disfrute de otras rentas muy útiles y valiosas.

    Seguramente he dejado flecos, pero es el espacio de comentario y ya me excedo.

  2. isabel 29 abril, 2010 at 5:01 #

    Yo tampoco creo que sea cuestión de dinero. Más bien me refería a la demostración que existen otras propuestas que también se pueden convertir en modelos rentables, y si esto ya ocurre ahora, ¿cómo podría ser eliminando barreras y prejuicios?

    Lo del monopolio no tiene duda, por lo que superado el modelo, y habiendo innovación y creatividad, sería dudoso que no se generara desarrollo económico. Lo que ocurre es que yo creo que tenemos que cambiar muchos esquemas. De verdad que no consigo ver el aliciente de la incesante acumulación de riqueza y poder. ¿Qué diferencia puede haber, superados ciertos límites (incluso muy altos)? Es como comparar las guerras de antes y las de ahora. En un cuerpo a cuerpo, matar a cincuenta o a cien personas debía ser la hostia, pero ahora, apretando un botón (o la neurona del subalterno de turno) ¿que diferencia hay entre matar a cincuenta mil, a cien mil o a un millón?

    Reconozco que, a pesar de ser empresaria, tengo cierta deformación con la perspectiva social, pero lo cierto es que cada vez tengo menos claro si algunas cosas son causa y consecuencia. La conferencia de Stiglitz me resultó clarificante y gratificante, por eso he repetido, como bien decías, su frase. Pero reconoce que esta que has puesto tú hoy, la de caracoles y espárragos, incluso la supera en potencia. Ha ido para el FB en homenaje a ti. ¡Es magnífica!

    Lo del negocio del editor me ha hecho sonreír, porque me sentí pillada en falta. No porque defienda el sistema, que no, sino porque soy de las que conserva la idea romántica de las librerías con encanto y sí, tengo a mi librera (joven por cierto) que me recomienda de vez en cuando.

    Pero es cierto lo que dices. Hace tiempo que las claves están en lo que en principio sólo eran eslabones en la cadena. Hoy la distribución, la intermediación o el marketing (o su simulacro), lo son todo en cualquier sector. Por más que nos vendan que la cultura y la inteligencia importan, no son más que la escusa. Tal vez deberíamos revisar los conceptos de infra y sobrevaloración de muchas actividades. No podemos seguir naufragando entre el prestigio y la riqueza.

    Supongo que el hecho de que el negocio se base en la necesidad de difusión y reputación de quienes crean, no desaparecerá. Pero el evitar las restricciones para reutilizar el material se lo podrá un poco menos fácil. Lo que crecerá, seguro, será el negocio de la prescripción, como bien decías en tu post, y cuando haya superabundancia, surgirán nuevos modos de crear escasez. Una constante reinvención, solo que ahora, aunque sea momentáneamente, no siempre está claro quien lleva la voz cantante.

    Si los editores pasan a competir entre ellos, tal vez renazcan algunos pequeños negocios que creíamos desterrados para ganar puntos de venta y/o contacto que complementen a las plataformas virtuales. Hay mucha mas hibridación, que innovación total.

    Es lógico que se tienda a confundir dominio público con falta de ingresos. Yo pasé por eso cuando tomé contacto con el software libre pero cuando lo entendí me entusiasmé de tal forma que hasta intenté plantear un proyecto de cierta importancia a nuestro gobierno gallego en 2001. Imagínate, yo entusiasmada y frustrada, porque nadie me entendía. Mi lección de aquello fue buscar otras perspectivas para convencer, por eso me gustan tanto las ideas y los ejemplos simples y potentes. Por eso ahora también estoy tratando de comprender mejor antes de intentar transmitir.

    Y siento lo del espacio. Ya lo he corregido. Pero si aún así no es suficiente, una nueva entrada, por favor. Hoy me quedo con la sensación de haberme perdido algo, no porque lo haya echado en falta, sino porque me quedo con la duda.

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