Escepticismo, ciencia y emoción

Hielo o «frío»?

Decía  Sagan en La carga del escepticismo, «si la ciencia se explicase a la gente de a pie de una manera accesible y excitante, no habría sitio para la pseudociencia. Pero existe una especie de Ley de Gresham por la que, en la cultura popular, la mala ciencia expulsa a la buena.»

El escepticismo desafía a las instituciones establecidas. Debería ser un hábito, una materia de enseñanza obligatoria. Hacerse preguntas es incómodo y, si nadie te presiona para hacerlo… ¿por qué molestarse?

Pero, al mismo tiempo, el escepticismo es una carencia, un mal endémico de nuestra sociedad. No solo cuestionamos poco, sino que lo hacemos mal mal. Nos cuesta cambiar! Una gran parte se aferra al «yo soy así» y al «siempre se hizo así» y, por otro lado, la «adición a la novedad» nos hace perder la capacidad de pensar y de criticar.

Explicaba también Sagan que esta tensión necesita un equilibrio, difícil de encontrar en este maniqueísmo agudo que nos atenaza. «Un equilibrio exquisito entre dos necesidades conflictivas: el mayor escrutinio escéptico de todas las hipótesis que se nos presentan, y al mismo tiempo una actitud muy abierta a las nuevas ideas. El mecanismo para distinguirlas es una herramienta esencial para tratar con el mundo y especialmente para tratar con el futuro. Y es precisamente la mezcla de estas dos maneras de pensar el motivo central del éxito de la ciencia. Los científicos realmente buenos practican ambas».

Mientras no lo resolvamos, la innovación es un traje que nos queda grande. Hace años que hablamos de ello, está en «casi» todos los discursos, contratamos a personas expertas, debatimos… Nos hemos aprendido la letra, pero seguimos teniendo un problema con la música y aún no le hemos pillado el ritmo al baile.  Ya en 2005 Nathan Rosenberg nos decía «España va a sufrir mucho si no empieza a innovar«

España está en apuros. Decenas de empresas industriales están planteándose la fuga a países con menores costes laborales y, en menos de dos años, este país dejará de recibir fondos comunitarios. La mano de obra ya no es barata, así que España no puede competir con China o los países del Este de Europa, y está a la cola de los países que investigan, así que está muy lejos de ponerse a la altura de EE UU. Atrapada en este bocadillo -el empleo no es barato pero tampoco innovador-, la triste realidad es que la quinta economía de la UE es la número 14 en lo que se refiere a la inversión en I+D (Investigación y Desarrollo).

Y eso que de aquella el anonimato aún protegía a la hiperactividad de las entidades financieras, que construíamos y comprábamos alegremente segundas viviendas, y terceras, y  cambiábamos de coche, y… Una vez más, nos atrapó la enfermedad del éxito, como a Frederic Tudor, Rey del Hielo, que tras construir su imperio contra todo pronóstico, y con tesón sólo equiparable a su capacidad de endeudamiento, no fue capaz de comprender que no vendía hielo, sino «frío».

Pero yo no soy muy de diván y, como le decía a un amigo, la vida y la naturaleza tampoco lo son. La evolución natural se impondrá antes de que tengamos la fotografía de las causas. El pensamiento crítico terminará por coger el relevo. A pesar del ruido que tanto molesta a Andrés, con razón, una interesante brisa fresca se cuela por ese compendio de miradas que es Internet.

La raza humana no es tan especial como creíamos. Porque si resulta que «todos esos sucios, repugnantes y graciosos chimpancés» pueden, con el Ameslan o de cualquier otra manera, comunicar ideas, entonces ¿qué nos queda de especial a nosotros? En los debates científicos existen, a menudo inconscientemente, impulsoras predisposiciones emocionales sobre estas cuestiones. Es importante darse cuenta de que los debates científicos, al igual que los debates pseudocientíficos, pueden llenarse de emociones por todas estas razones. A veces es malo pero, tal vez, sea el detonante que tanto estamos necesitando.

Volviendo a Sagan, unos pocos centímetros representan mil millones de átomos hombro con hombro. Y si la ciencia se explicase a la gente de a pie de una manera accesible y excitante, no habría sitio para la pseudociencia. Pero no olvidemos que entre todos esos átomos que nos componen y nos rodean, están las emociones. Un alivio.

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