Responsabilidades, que no culpas…

… para reinventar el futuro

Mientras el asociacionismo avanzaba, las organizaciones de empresarias quedaron ancladas en tibios éxitos pasados. Más guiadas por la exaltación de los tiempos que por la visión, no dejaron que las organizaciones fueran permeables a los avances. Mucho ruido, pero pocos cambios, han llevado a una brecha probablemente insalvable desde el planteamiento actual.

Tras varios «mensajeros matados», con un campo de cadáveres, los buitres heredaron un jugoso panorama. La fotografía era obvia desde fuera: con los liderazgos debilitados, sólo había que alentar a los buitres y orquestar tranquilamente la limpieza general del campo de batalla.

Y así fue. A corto plazo, la cosa produce ruido, pero mientras se les ponga nombre y apellidos, es un ruido con fecha de caducidad, una nueva secuencia de titulares que servirán para crear «ecos de masas», que no opinión, para devolver las cosas a su orden ficticio, el que no remueve conciencias.

¿Y ya está? Pues sí. Porque el problema de fondo está protegido por múltiples capas transparentes que dificultan, incluso impiden, la visualización de la realidad.

El problema es que los círculos de poder son egocéntricos, autocomplacientes. Se miran mucho y hacen poco. Casi siempre, para quienes los persiguen, el objetivo no es «hacer» sino «entrar», ser RECONOCIDO.

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