Nada es lo que parece … ¿o sí?

Galicia tiene una capacidad de supervivencia interesante, hemos ganado en ambición

Este es el titular de la última entrevista  publicada, en la que he participado como presidenta de la Federación de Empresarias de Galicia. Y digo «he participado» porque aunque tú digas básicamente las mismas cosas (no hay tanto margen para salirse del guión) resulta un misterio, cuando no un reto a tu integridad profesional y personal, ver cual será el resultado de la interpretación de quien intermedia entre tú y la parte de la sociedad a la que te diriges.

Cierto que Carla, directora de Empresa y Finanzas en Galicia, se ha tomado su tiempo desde aquella conversación que iniciamos en una terraza, una veraniega tarde de viernes, y cierto también que su intención de enfoque «macroeconómico», por aquello de huir de los tópicos de la igualdad, me dio la impresión de un poco forzado en aquel momento, pero he de reconocer que el resultado me ha sorprendido gratamente.

Si bien no hay nada que yo no haya dicho, afirmo y firmo cada una de mis palabras, la profesionalidad y la ética de quien transmite, acaban a veces convirtiendo tu propio discurso en una caricatura absurda. Desde aquella tarde en que Carla renunció a un concierto en Valencia y se vino casi sin comer para mantener su cita en Coruña conmigo, nos hemos encontrado varias veces en distintos actos. Siempre a prisa, siempre en busca de la noticia ella y en el cumplimiento de mis responsabilidades institucionales yo. En cada ocasión saludándonos de refilón con el consabido «tenemos que hablar…».

Desde entonces, la palabra «crisis» ya no es tabú y la incertidumbre ha pasado de «fantasma innombrable» a realidad en blanco y negro, que se retroalimenta en caída libre, para desconcierto de esa gran parte de la ciudadanía que tanto se empeñaba en mantenerse en el limbo. Por eso agradezco su elección del titular, que si bien no niega las dificultades, alude a lo único que solo depende de nosotros mismos: nuestra capacidad de superación.

Acostumbrada a hablar y a opinar en foros de empresariales e institucionales, me doy cuenta de la dificultad y responsabilidad que debo asumir ahora que mis palabras pueden alcanzar una intensidad pública y colectiva que no debe verse afectada por mi falta de experiencia. No es fácil «representar» porque los colectivos existen en función de necesidades e intereses no siempre bien definidos o más relacionados con una amenaza externa que por un sentir unánime. Será cuestión de mantener al día la ITV de la «autocrítica».

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